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viernes, 27 de diciembre de 2013

EL PSICÓLOGO QUE SE ESPECIALIZO EN TRAUMATIZAR A SUS PACIENTES.... Post Jo



El psicólogo que se especializaba en traumatizar a sus pacientes


El pequeño AlbertEn varias oportunidades hemos hablado sobre experimentos realizados durante los inicios y mediados del siglo XX que, a pesar de ser considerados como poco éticos en el presente, eran en ese entonces aceptados en pro del avance del conocimiento y, por lo tanto, practicados por algunos de los profesionales más respetados en el mundo académico. Recordarán el experimento de Kellogg, en el cual Winthrop N. Kellogg expuso a su hijo recién nacido a criarse junto a un chimpancé para así estudiar las diferencias en la capacidad de aprendizaje entre ambas especies, la fábrica de emociones de Duchenne de Boulognelos experimentos con LSD del ejército británico, la obsesión del profesor Voronoff o las hijas de la ciencia entre otros. No obstante, la diferencia entre los experimentos anteriores y del que hablaremos hoy, el experimento sobre la adquisición de fobias del doctor John B. Watson, radica en que si bien extremos, éstos no buscaban causar un daño sobre los pacientes. No así con el experimento de Watson, que efectivamente tuvo como meta final el ver si mediante estímulos externos se podrían llegar a causar desordenes de comportamiento en seres humanos.
Adquiriendo fobias
El pequeño AlbertEl experimento ocurrió en la prestigiosa institución universitaria Johns Hopkins durante la segunda década del siglo XX. En el mismo, el ya por ese entonces afamado psicólogo John B. Watson, pionero en la escuela del estudio del comportamiento observable, se dispuso a realizar una serie de pruebas en un niño de nueve meses llamado Albert, supuesto hijo de una de las amas de crianza del hospital universitario -practica ya totalmente en desuso en Occidente, aunque aun practicada en otros lugares del mundo, en la cual se empleaba a una reciente madre de bajos recursos para que utilice parte de su leche materna para amamantar a otros niños- a la cual no se le comunicó precisamente al alcance y la extensión de lo que se buscaba con los experimentos. Watson tenía como teoría que el miedo irracional y las fobias hacia ciertos objetos, ya sean animados o inanimados, eran comportamientos adquiridos. Teorizaba en su trabajo que los humanos nacían sin ningún tipo de temor, y que estos miedos eran más bien el resultado de experiencias chocantes durante los primeros meses de vida. Experiencias que podían ser activadas mediante estímulos asociados a las mismas, por lo que, incluso sin que esté presente el objeto causante de dicho temor, Watson creía poder activar el comportamiento buscado solamente con traer cerca del paciente el estímulo asociado con el mismo. Obviamente el académico había sido fuertemente influenciado por los estudios de Ivan Pavlov en el comportamiento reflejo de los perros, estudios muy famosos y mencionados incluso al día de hoy.
El pequeño AlbertDe manera sorprendente una de las tareas más simples del experimento fue el conseguir el paciente sobre el cual experimentar. Algo ciertamente impensado en el presente donde incluso las investigaciones más costosas tienen que sortear gran cantidad de papeleo y tiempo de espera para acceder a seres humanos. Debiendo además atenerse rigurosamente a estrictos códigos de conducta y regulaciones, incluso cuando se trata de pacientes terminales que aceptan tratamientos experimentales como último recurso. Algo muy bueno ciertamente y señal de que, a pesar de hacer más dificultoso el trabajo de los investigadores, se ha ganado un mayor respeto por la vida humana.
Los miedos de Albert
Watson se propuso junto a Rosalie Rayner, su asistente, documentar sus hallazgos siguiendo un meticuloso método de experimentación en el cual se expondría a Albert a distintas pruebas emocionales a partir de las cuales, al cabo de un tiempo, podrían llegar a observarse cambios inducidos en el comportamiento en el infante. Para ésto, obviamente, primero debió de establecer si Albert ya sufría previamente de algún miedo, por lo que en primera medida se expuso al pequeño a objetos que luego iban a ser utilizados en la inducción de temores. Un conejo, una pequeña rata blanca, un perro, máscaras e incluso un mono eran algunos de estos objetos de prueba, a todos, el niño reaccionó sin temor. Mostrando incluso curiosidad y alegría por algunos.
El pequeño AlbertUna vez definido que no existía temor hacia los objetos que se iban a utilizar en las pruebas, Watson comenzó con su serie de experimentos. Como ya hemos mencionado, el mismo intentaba crear dos tipos de comportamiento: el primero y más simple era el de causar temor en el niño al presentarlo ante uno de los objetos seleccionados para éste fin; el segundo objetivo era el de crear un estímulo capaz de causar temor por si mismo aunque ninguno de los objetos temidos esté presentes. Incluso, Watson creyó poder llegar a remover dichos temores al traer los objetos causantes de los mismos y suministrar un estímulo placentero en las zonas erógenas del pequeño, una especie de anti-estímulo al estímulo original. Básicamente, el experimento se basó en una progresión que iría de un estímulo pasivo, el sonido estridente causante de una respuesta de temor pasiva, a un estímulo neutral, la introducción del objeto seguido del sonido estridente -asociando condicionalmente la respuesta de temor con el objeto-, a un estímulo condicional seguido por las respuestas de temor condicionadas causadas ya por mera introducción de los objetos.

El estímulo con el que se buscaba inducir temor inicialmente era muy brusco y hasta podríamos decir que incivilizado, ya que consistía en una barra metálica que, ubicada a pocos centímetros detrás de la cabeza de Albert, era golpeada con un martillo cada vez que Albert tocaba o intentaba algún tipo de interacción con alguno de los objetos. Produciendo un estridente ruido metálico que instantáneamente lograba estremecer al niño en gran medida. Según el mismo diario de notas de Watson, la primera vez que Albert escuchó el sonido fue cuando intentó acariciar una rata blanca que había sido puesta sobre su regazo durante la primer prueba. Respondiendo inmediatamente con terror y llevando sus manos a su rostro para caer hacia delante hundiendo su cara sobre el colchón en el que estaba sentado. Obviamente intentado protegerse de tan extraño y horrible sonido. Pasados unos instantes y recuperado del susto, Albert nuevamente intentó acariciar la rata para nuevamente ser amedrentado por el ruido de la barra. Siete días más tarde, la rata fue traía nuevamente, sólo que esta vez Albert no sólo no intentó hacer contacto con la misma, sino que además retiró rápidamente su mano cuando esta se le acercó. La rata sería entonces sacada de la vista del niño y la barra nuevamente golpeada con el martillo. Tras esto Albert cae hacia un costado y comienza a gemir con un claro tono de angustia. Acto seguido, la rata es nuevamente presentada ante el mismo y sólo esto bastó para desatar un desgarrador llanto por parte del niño. De aquí en más Albert se comenzaría a llorar con sólo ver la rata cada vez que ésta se le presentaba.
Así, Watson cometió toda una serie de experimentos relacionados, en los cuales expuso al pequeño ante máscaras, un perro y otros animales e incluso intentó ver si dichos miedos y reacciones de condicionamiento clásico podían llegar a ser transmitidos hacia otros objetos. Logrando efectivamente mediante una serie de estímulos y asociaciones lograr transferir el miedo que Albert tenía a la rata hacia un conejo. Una vez terminada ésta fase Watson deja al niño tranquilo por un lapso de treinta y dos días, ya que la segunda fase del experimento era el ver cuán perdurables eran estos temores. Al reanudar la serie de experimentos fue claro que Albert había adquirido y mantenido los miedos, mostrando gran disgusto cada vez que alguno de los objetos era presentado. Incluso, hacia el conejo, cuyo miedo al mismo había sido transferido.
El pequeño AlbertSi bien como mencionamos anteriormente la tercera fase buscaba ver si se podría llegar a reacondicionar la conducta del niño mediante la utilización de estímulos positivos para así eliminar los miedos, Watson abandona esta fase ya que el grueso de su experimento había sido realizado con éxito y éste deseaba presentar sus hallazgos en uno de los congresos de psicología más importantes del mundo en New York que tendría lugar a finales de ese mismo año, por lo que prefirió utilizar el tiempo restante del año para preparar sus publicaciones y presentaciones en vez de reacondicionar a Albert, sabiendo que muy posiblemente, como aclaró en su diario de notas, los nuevos miedos acompañen a Albert durante toda su vida. Si bien el investigador logró ganar una considerable fama mundial tras ser publicado su estudio. luego con el avance del la ciencia el mismo fue siendo descartado como inconcluyente. Curiosamente Watson es despedido por la universidad a los pocos meses de haber publicado el estudio y haberse vuelto famoso, no por torturar a un niño de nueve meses, sino por haberse descubierto su affair romántico con Rosalie Rayner.
¿Y Albert?
Del niño y su madre durante mucho tiempo no se supo más nada incluso a pesar de que décadas más tarde distintos investigadores intentaran ver qué fue de la vida del niño, por lo que, ante la falta de información, se llegó a creer que con el crecimiento de la conciencia ética entre las décadas del cincuenta y del sesenta, la universidad había decidido destruir dicha información para así evitar que algo que ya era vergonzoso se vuelva aun más. No obstante, un investigador que se interesó en gran medida por el destino del niño fue el psicólogo Hall Beck. Durante siete años realizó una intensiva búsqueda que lo llevó a hurgar entre las cartas de Watson y sus allegados así como entre los archivos de la universidad. Sin éxito, amplió su búsqueda hacia los los registros financieros de los involucrados, intentando ver si los movimientos de dinero de éstos durante ese período le daban alguna nueva pista. Tras investigar una serie de pagos realizados a Arvilla Merritte, una de las damas de crianza del hospital, Beck logró descubrir que Albert se llamaba en realidad Douglas, y el mismo era el hijo ilegitimo de esta mujer. Tras hallar a los descendientes de los Merritte, Beck logró acceder a distintas fotografías familiares en las que encontró imágenes de un niño llamativamente similar a Albert. Luego de una serie de tramitaciones Beck consigue que éstas sean analizadas por el departamento de imagen forense del FBI, el cual confirma que efectivamente Albert y Douglas eran el mismo bebe. Desgraciadamente, éste hallazgo también trajo a la luz que ninguno de los supuestos finales felices de la historia en los que Albert, o mejor dicho Douglas, era adoptado por una familia fueron ciertos, ya que el niño murió de hidrocefalia a la edad de seis años
Fuente: http://www.anfrix.com/2010/07/el-psicologo-que-se-especializaba-en-traumar-a-sus-pacientes/



jueves, 10 de enero de 2013

DAVID BERKOWITZ, EL "HIJO DE SAM",,,,Jo




El hijo de Sam

Sus primeras víctimas las ejecutó el 29 de julio de 1976. Se trataba de dos chicas que se encontraban charlando en un coche. Danna Lauria, de 18 años, murió a causa de varios disparos a quemarropa y Jody Valenti resultó herida. Sam estuvo cazando mujeres por las calles con su Magnum durante un año.
Según sus declaraciones, David, hombre tímido sin éxito con las mujeres y sin trabajo, esperaba una señal y oía voces demoníacas que le ordenaban matar. Mataba a las mujeres para hacerles pagar las frustraciones que le habían hecho acumular.
Algunos de los retratos robot que distribuyó la policía durante su búsqueda.
El 17 de abril disparó y asesinó a los novios Valentina Surani y Alexandre Esau. En ese asesinato se produjo un cambio en su padrón de conducta: dejó una carta en la que aseguraba que mataba apara mantener joven a su padre, y que contenía frases tan preocupantes como éstas: “soy un monstruo. Soy el hijo de Sam. Soy un pequeño demonio (…) Adoro la caza. Merodeo las calles para ver si encuentro animales de caza, carne sabrosa. Las muejres de Queens son las más hermosas de todas. Debe ser por el agua de beben. Vivo para la cacería, mi vida. Sangre para Papá”. También envió una carta a un cronista del “New York Daily News” en la que le agradecía el interés por sus crímenes y le aseguraba que no dejaría de matar hasta que saciara su sed de sangre.
El perro del vecino
En agosto de 1977 la policía se interesó por las amenazadoras cartas que recibió Sam Carr sobre su perro labrador en las que un vecino se quejaba de que aullaba todo el día y estaba destruyendo su vida. Tirando del hilo dieron con David, que había escrito las cartas, y observaron que en su vida había muchas irregularidades.
Durante el juicio declaró que oía la voz de un demonio de 6000 años de antigüedad reencarnado en Sam, el perro labrador de su vecino.
Una vez sentenciado, ofreció una rueda de prensa en la que declaró que las voces que decía escuchar no existían, que todo había sido un engaño. El 12 de junio de 1978 fue sentenciado a seis cadenas perpetuas en prisión por seis víctimas y otras siete personas heridas durante su año del terror en los distritos del Bronx y Queens de Nueva York.
Berkowitz, en 2003


FUENTE: TEJIENDO EL MUNDO

viernes, 16 de noviembre de 2012

EL ASESINO DE CABO VERDE....Post Jo


Sandro Santus Rosario: “El Lapidario de Cabo Verde”


Sandro Santus Rosario nació en 1984 en Cabo Verde, una república enclavada en una isla del Océano Atlántico, en África. A los veintitrés años, trabajaba como guía de turistas y animador en un club de vacaciones local, hablaba inglés, italiano y portugués, ganaba un buen salario (unos $600.00 dólares, el doble de la media en Cabo Verde).



Sandro Santus Rosario



Por las noches, acostumbraba emborracharse con sus amigos. No importando su popularidad con las mujeres que visitaban la isla, sobre todo europeas, el joven mostraba un temperamento violento. Continuamente se enfrascaba en peleas, algunas de ellas a puñetazos. Pese a todo, era considerado un joven serio y conocido con el sobrenombre de “Motche”.



Por su parte, Dalia Saiani había nacido en 1974 en Verona (talia). En 2007, a los 33 años, era dueña de un establecimiento balneario en la playa de Rávena, en el noreste italiano. Además, gozaba de gran popularidad, ya que era una campeona italiana de windsurf. Dalia había expresado su intención de mudarse a Cabo Verde.



Dalia Saiani



Una de sus mejores amigas era Giorgia Busato, de 28 años, también italiana. Giorgia era socia de una agencia de viajes en Verona y había comprado una casa en la Isla de Sal, donde pasaba largas temporadas ejerciendo como guía turística.



Giorgia Busato



En febrero de 2007, Giorgia y Dalia viajaron juntas a la Isla de Sal, que además es una de las mecas de los amantes del windsurf. Una tercera chica italiana, Agnese Paci, acudió a la isla para celebrar sus dieciocho años. Se conocieron allí y comenzaron a realizar varias actividades juntas.



Giorgia y Dalia



Cada año, 50,000 turistas italianos visitan el archipiélago, compuesto por nueve islas, en las que viven 500,000 personas.



La playa de Cabo Verde



Dalia conoció a Sandro Santus Rosario en una fiesta. De inmediato se gustaron. Aunque ella era diez años mayor que él, de inmediato empezaron a salir. Pronto se hicieron amantes. Los dos viajaron juntos por varios lugares de aquel país. Dalia acostumbraba grabar en video los momentos que pasaba junto con su nuevo novio.



Sandro Santus Rosario surfeando desnudo



Pero los arranques violentos de Sandro la asustaban. Cuando discutían, él no podía controlarse: golpeaba las paredes hasta que los puños le sangraban, gritaba y manoteaba, rompía objetos y arrojaba otros contra los muros.



Por eso, decidió terminar su relación con él. Sandro la llamaba continuamente por teléfono, le enviaba mensajes SMS por teléfono celular, con el objetivo de volver, pero ella se mantenía firme. Durante varios días, Dalia y Giorgia disfrutaron de los atractivos de aquel paradisíaco sitio. Agnese las acompañó y entre las tres, pasaron divertidas veladas conociendo nuevos amigos.






La noche del 8 de febrero de 2007, Sandro le pidió a Dalia que fueran juntos a cenar, para conversar y componer su situación. Él deseaba volver con ella: estaba obsesionado con la italiana y no se hallaba dispuesto a perderla. Dalia aceptó con el objetivo de aclarar la situación, aunque puso como condición ir acompañada de sus amigas. Sandro aceptó y también invitó a un amigo. Se puso de acuerdo con él y le advirtió: si Dalia no accedía a regresar con él, tendrían que matarla.



La cena se realizó en Espargos, la capital de la isla. Allí, Dalia fue tajante: no volvería con él. Sandro estaba avergonzado por haber sido rechazado nuevamente, esta vez delante de su amigo y de las amigas de Dalia. Al terminar la cena, fingió que todo estaba bien y que se había resignado. Ninguna de las tres mujeres tuvo inconveniente en seguir la fiesta con los dos hombres.



Tras la cena, Sandro propuso un desplazamiento para tomar una copa. Ellas aceptaron. Los cinco subieron al automóvil de Sandro. Pero cuando iban sobre la carretera, éste cambió de ruta y se dirigió hacia Fontona, una playa de la isla. Según Agnese, Dalia le preguntó el motivo del cambio de dirección, sin obtener respuesta.



Sandro comentó que debía desviarse para dejar en casa a su amigo, quien fingió sentirse enfermo. El desvío, sin embargo, los llevó al oasis de Fontona, a esas horas totalmente desierto. Sandro detuvo el coche, se giró y cegó a las muchachas con un aerosol de pimienta. El joven y su amigo sacaron a Dalia y Giorgia y las arrastraron hacia las palmeras. Agnese permaneció en el coche, bajo amenazas.



Dalia Saiani poco antes de su muerte



“Escuché gritos y lamentos, y la voz de Dalia que imploraba y ofrecía dinero a cambio de que la dejaran tranquila”, explicaría luego. Mientras las dos chicas gritaban por el ardor en los ojos, ellos comenzaron a patearlas. Las golpearon un buen rato. Cuando estaban en el piso, llorando y quejándose, empezaron a buscar piedras.



La última fotografía de Giorgia Busato



Sandro y su amigo empezaron a lanzarles las piedras mientras las chicas seguían gritando. Agnese intentó llamar por teléfono. Sandro y su amigo volvieron al coche, arrastraron fuera a Agnese y le golpearon dos veces la cabeza con una piedra de gran tamaño. Agnese se desvaneció y los dos hombres la abandonaron, creyéndola muerta. Durante casi media hora, siguieron lapidando a las dos chicas, hasta que ya no se movían. A Giorgia le destrozaron la cabeza a pedradas, mientras que Dalia presentaba fracturas de cráneo y exposición de masa encefálica. Pese a ello, seguía viva.



El cadáver de Dalia



Los asesinos habían cavado, previamente a la cena, una fosa poco profunda y arrojaron allí el cuerpo de Dalia, quien seguía viva. Después le lanzaron encima el cadáver de Giorgia. Las enterraron y se marcharon de allí.



La escena del crimen





Tras quedar inconsciente, los asesinos pensaron que Agnese también estaba muerta. Horas después, ya entrada la madrugada, despertó y, herida, logró llegar a pie hasta Santa María, que se encuentra en la otra punta de la isla, y pedir auxilio. El testimonio de Agnese sería clave para poder identificar a los presuntos asesinos. Ella sufrió varias fracturas y necesitó de dieciocho puntos de sutura en la cabeza. “No sé cómo logré recuperarme después de que me lanzaran una piedra a la cabeza”, declaró en el hospital.



Agnese Paci en el hospital



Cuando los policías llegaron a la escena del crimen y apartaron la arena que cubría a las mujeres, a una de ellas le quedaba un hilo de vida. Era Dalia; estaba llena de sangre seca, con la arena pegada a todo el cuerpo. Tenía arena en los ojos, en la boca, en la garganta y en los pulmones; también pegada a las zonas expuestas del cerebro. Todos los intentos para reanimarla resultaron inútiles. Murió pocos minutos después. Había estado enterrada viva durante varias horas.



Después de perpetrar el crimen, Sandro y su amigo acudieron a su puesto de trabajo con toda naturalidad, como si nada hubiera sucedido. Pero tras la denuncia, la policía acudió por ellos y los arrestó. Después de unas horas de interrogatorio, ambos confesaron el crimen y adujeron motivos pasionales.



El arresto



Un empresario inmobiliario residente en Cabo Verde, Renato Evarchi, se mostró sorprendido por lo ocurrido: "Sandro es conocido por todos como una persona muy seria, y para cometer un acto de ese tipo evidentemente debía estar completamente perturbado por el final de su relación con Dalia".



El padre de Dalia Saiani



El crimen desató un escándalo internacional. El padre de Dalia apareció en varios noticiarios europeos hablando sobre el suceso. La Federación Italiana de Agencias de Viajes garantizó a los ciudadanos de su país que Cabo Verde era y es un lugar seguro. "Lo ocurrido es horrible, pero no tiene nada que ver con el turismo", según aseguró a los medios de comunicación el presidente del organismo, Stefano Landi.



Maratón en memoria de Dalia y Giorgia



El presidente del Consejo de Ministros Italianos, Romano Prodi, mostró su"conmoción y horror" ante los dos asesinatos. El Ministerio de Exteriores italiano, informó que uno de sus diplomáticos en Dakar (Senegal) había sido enviado a la isla africana para "asegurase de que los responsables de esta trágica agresión sean llevados ante la justicia".




Los asesinos fueron juzgados y sentenciados a veinte años de prisión. En memoria de las dos chicas asesinadas se instituyó un maratón anual, así como varios homenajes en las asociaciones de surfistas a las que Dalia perteneció.



VIDEOGRAFÍA:

Noticiario sobre el crimen


FUENTE: ESCRITO CON SANGRE.

sábado, 10 de noviembre de 2012

RICHARD KUKLINSKI "ICEMAN"....Post Jo



Richard Kuklinski falleció el 6 de marzo en la prisión estadounidense de Trenton (Nueva Jersey) a los 81 años de edad. Allí cumplía varias cadenas perpetuas por asesinato. Él siempre presumía de haber matado a más de 100 personas.

Su biografía carece de elementos glamourosos. Gastaba músculos rotundos, tatuajes, barba, y una crueldad inaudita. En Nueva York decían que el diablo estaba de su parte.
Padre de familia, soldado de la mafia y, sobre todo, 'killer' eficiente: incluso los Gambino, sus jefes, temían las reacciones del matarife y se hacían cruces con un tipo que acumulaba muescas hasta batir cifras récord.


En un documental que permitió realizar a la cadena HBO sobre su vida, cuando llevaba un lustro en prisión, declaró que, en su caso, "el asesinato era vocacional". Mataba por placer. Nunca dejaba testigos. Incluso los criminales que lo acompañaban durante sus correrías sudaban hielo. Cualquiera podía incorporarse a la lista negra.


Kuklinski nació en 1935 en la ciudad de Jersey en 1935. Su padre, alcohólico, solía pegarle con frecuencia. Su hermano mayor fue sentenciado a cadena perpetua tras violar a una niña de 12 años, a la que arrojó después al vacío desde una torre, junto con su perro.


Durante su adolescencia, Kuklinski se deleitaba torturando animales. Uno de sus pasatiempos consistía en arrojar gatos vivos al horno familiar. Con 14 años liquidó a otro muchacho de más o menos su misma edad para "proteger su territorio", como él declararía posteriormente. Fue su primer asesinato.




En 1960 conoció a Bárbara, su futura esposa, con la que tendría tres hijas. Su trabajo en la industria del cine, donde traficaba con pornografía que revendía a los Gambino, le introdujo en los círculos mafiosos. En breve, fue contratado para cobrar deudas. Su nombre circulaba por las calles como un viento de muerte.
A las ordenes de Roy DeMeo, psicópata y matón prominente, perfeccionó los métodos de trabajo. La clave para ganarse al mafioso consistió en matar a un hombre elegido al azar. La víctima paseaba a su perro por la calle y Kuklinski actuó sin dudarlo un instante. Roy DeMeo estaba impresionado: el chico "prometía".


Durante casi 20 años, los dos hombres lideraron un grupo al que se le atribuyen más de 100 asesinatos. Kuklinski cobraba 50.000 dólares por encargo. En palabras de su esposa, "nuestra vida era la típica de una familia americana".


Vida familiar Compraron una casa lujosa y en ella organizaban barbacoas. Aunque la relación con su esposa fue cualquier cosa menos idílica. Trató de ahogarla con una almohada, la amenazó con una pistola, estuvo a punto de atropellarla, pero ella siempre achacaba estos sucesos al estrés que padecía su esposo y terminaba perdonando sus excesos.


Kuklinski alcanzó un enorme grado de sofisticación en el empleo de cianuro para matar a muchas de sus víctimas. Lo hacía con un inhalador nasal que empleó, por primera vez, con un viandante como conejillo de indias. El hombre murió en 15 segundos. "Lo importante es sorprender a tu objetivo y aplicar la solución en su rostro. Así, todo el mundo creerá que ha sufrido un infarto". Aparte del cianuro, cualquier instrumento le servía para sus fines, desde un picahielos a un mazo.




A Kuklinski le apodaban 'Iceman' (Hombre de hielo) por otro de sus experimentos. Mantuvo dos años congelado el cuerpo de una víctima. Durante meses usó como cámara frigorífica el camión de los helados de Pongray. Quería averiguar si, gracias al frío, lograría confundir a los investigadores. Cuando la policía encontró el cuerpo, creyó que había fallecido tan solo 24 horas antes. Sin embargo, durante la autopsia, los forenses hallaron restos de hielo. Aunque erró por poco —unas horas más hubieran bastado para que se derritiera del todo— Kuklinski se regocijaba porque había coronado su currículum con un nombre rotundo. Poco después se deshizo de Pongray.





Cuando le atraparon, en 1986, su familia sufrió un colapso. Jamás había sospechado del respetable marido y prominente hombre de negocios. Kuklinski no sólo no negó los cargos —en principio cinco asesinatos—, sino que añadió varias decenas. Sin eufemismos, demostraba un ego de proporciones superlativas.


En 1992, Tom Shales, del 'Washington Post', prometió en una columna realizar un estudio de su psicología. Tras visionar el documental de la HBO se retractó: "A veces es mejor no penetrar en ciertas mentes".


Fuente: Escrito con sangre.