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lunes, 31 de marzo de 2014

EL SITIO DE PLATEA...Post Jo.






Reconstrucción idealizada de la ciudad de Platea

y de la circunvalación espartana


La polis de Platea situada en la región de Beocia, para evitar su anexión por Tebas en el519 a.C. comenzó una alianza con Atenas que le saldría cara con el tiempo. Debido a su situación estratégica entre los montes Citerón y Helicón, frontera natural entre Megara, Atica y Beocia. Su control resultaba esencial tanto para Esparta y sus aliados como para la Liga ateniense, por lo que durante la Guerra del Peloponesofue un objetivo primordial del plan de ataque espartano.


En el verano del 429 a.C. Los espartanos y sus aliados peloponesios dirigidos por el rey lacedómico Arquídanao se dirigieron a tomar la polis de Platea. Comenzando uno de los asedios más memorables de la historia griega según Tucídidesen su obra “La guerra del Peloponeso”. Los platenses convencidos de la promesa ateniense de ayuda esperaban resistir hasta la llegada de refuerzos...





Tucídides, Alter Museum



Los ejércitos griegos del siglo V, caracterizados por las unidades de infantería pesada conocidos como hoplitas, basaban las guerras en enfrentamientos en territorios llanos que permitían maniobrar a estas unidades en formación cerrada. Por lo que no estaban diseñadas para la toma al asalto de murallas que además podía ocasionar una gran pérdida de ciudadanos, un bien escaso en estas pequeñas ciudades estados. Al carecer todavía de eficaces armas de asedio la principal arma era la hambruna o lograr la traición de alguno de los asediados.

La primera tarea de las fuerzas peloponenses fue la construcción de una empalizada para evitar la huida de los asediados, unos 480 plateos y 80 atenienses acompañados de 110 mujeres que según Teucídides “cocián el pan”. Gracias a que la mayor parte de la población de la ciudad fue desalojada antes del ataque la guarnición pudo resistir a la hambruna durante el largo asedio.


Posteriormente comenzaron la construcción de una rampa para alcanzar las murallas platenses, a lo que respondieron los defensores construyendo una empalizada de madera sobre los muros, elevándose así considerablemente la altura de las defensas. Además la madera fue cubierta de cuero para protegerla de las flechas incendiarias que lanzaban los asaltantes.


Tras 70 días de trabajo la rampa alcanzo la muralla, los asediados realizaron un túnel para derribarla pero resulto ineficaz debido a que se reforzó la rampa con un entramado de ramas y arcilla. Una vez alcanzada las murallas los espartanos comenzaron a demoler con sus arietes los lienzos pese a los intentos de los plateos de destruir los arietes mediante lazos corredizos y lanzamientos de pesados troncos. Una vez que los espartanos lograron entrar en la polis encontraron una desagradable sorpresa los defensores habían construido una nueva empalizada en forma de media luna que cubría las aberturas en las defensas.

Para acabar con esta nueva barrera los atacantes decidieron usar el fuego para quemar la madera de la empalizada. Lo novedoso de este plan fue el empleo de sulfurocombinado con resina de pino que “produjo el mayor incendio que jamás se había visto, mayor que el causado por cualquier agente humano” según describe Tucídides. La invención de este producto inflamable se debe probablemente a los aliados beocios ya que pocos años después, en el 426 a.C. la utilizaron en un lanzallamas durante el asedio de Delion. Pese a que las azules llamas junto con una nube toxica de Dioxido de Sulfuro casi acaba con las defensas plateas una afortunada lluvia salva a los sitiados.

Arquídamao viendo la imposibilidad de tomar la ciudad al asalto decidió rendirla por hambre, construyo una doble muralla de circunvalación y retirar a parte de su ejército, con 2000 hombres vigiló la ciudad hasta su rendición final. En el verano del 427 a.C. al borde de la muerte los platenenses se rindieron, debido a la presión tebana los 225 supervivientes varones fueron ejecutados y las mujeres fueron vendidas. La ciudad fue entregada a los tebanos que la destruyeron, la ciudad fue destruida por su fidelidad a Atenas que no supo corresponderle cumpliendo sus promesas “sino que le ayudarían con todas sus fuerzas”




Platea en la actualidad


“El sitio de Platea. 429-427 a.C.” Francisco García Campa – Bellumartis Historia Militar


Bibliografia:


- Las murallas de Grecia. Nic Fields. Osprey Publishing

HERIDO 37 VECES Y LO SALVA UN ESCUPITAJO....Post J


Esta es la historia de Roy P. Benavidez, sargento de lasFuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos(Boinas Verdes), el día 2 de mayo de 1968 durante la Guerra de Vietnam.
Un grupo de reconocimiento compuesto por 3 Boinas Verdes y 9 Montagnard (pueblos indígenas de las tierras altas centrales de Vietnam de los que unos 40.000 lucharon junto a los soldados estadounidenses) fueron emboscados por los Vietcom en una zona selvática cerca del la frontera de Camboya. En la emisora de la base se repetía el mensaje desesperado “get us out of here” (sacadnos de aquí) y de fondo multitud de disparos. Sin pensárselo dos veces, y prueba de ello es que sólo llevaba un cuchillo,Benavidez saltó a bordo del helicóptero de evacuación cuando estaba despegando. Desde el aire comprobaron que la situación de sus compañeros era desesperada, pero no pudieron aterrizar cerca por la espesura de la selva y el fuego enemigo. Encontraron un claro a unos 70 metros de distancia de la posición, Benavidez cogió un botiquín y saltó del helicóptero. Mientras corría para llegar hasta sus compañeros recibió un disparo en la pierna y la metralla de una granada impactó en su cara y en la cabeza, aún así consiguió llegar. Se encontró con 4 muertos y el resto del grupo heridos de diversa consideración… recuperó los documentos clasificados, suministró morfina a los heridos, organizó la defensa y avisó al helicóptero para que se acercase a su posición. Cuando el helicóptero trataba de despegar fue derribado… junto al resto de supervivientes, con varias heridas más y llevando a los muertos, consiguieron llegar hasta los restos helicóptero donde montó un perímetro de defensa.
Después de 6 horas de defensa numantina consiguió marcar con botes de humo la posición del enemigo para que la aviación limpiase la zona. Cuando los helicópteros de evacuación consiguieron llegar, Benavidez cayó… había sido herido 37 veces. Ya en la base, un cuerpo inmóvil, cubierto de sangre, con múltiples heridas y con los intestinos saliendo por la herida del estómago se puso junto a los muertos… era el de Benavidez. Justo cuando estaba a punto de ser colocado en una bolsa para cadáveres, escupió en la cara de un médico para indicar que él todavía estaba vivo y fue evacuado a Saigón. Pasó casi un año en hospitales para recuperarse de sus lesiones (siete heridas de bala, dos de bayoneta y 28 fragmentos de metralla repartidos por todo el cuerpo). En 1968 se le concedió la Cruz de Servicio Distinguido y en 1973 la Medalla de Honor. Falleció en 1998, a los 63 años, por una insuficiencia respiratoria.
Fuentes e imágenes: The New York TimesPsywarriorU.S. Navy

miércoles, 5 de marzo de 2014

LA GUERRA DE LA SANDÍA.... Post Jo


 El Tratado Mallarino-Bidlack, firmado el 12 de diciembre de 1846 entre Estados Unidos y la República de Nueva Granada (actuales Colombia y Panamá), fue un convenio de reciprocidad comercial entre ambos países. El problema es que resultaba tremendamente favorable para los intereses económicos y comerciales de EEUU y, peor aún, de los ciudadanos norteamericanos sobre lo población autóctona en el territorio de Nueva Granada. Además, muchos hicieron uso de esa superioridad,adquirida legalmente, y protagonizaron actos de abusos, violencia e irresponsabilidad que agudizó el recelo y resentimiento entre la población local. Sólo faltaba una chispa que prendiese aquella bomba latente… una rodaja de sandía.
Ilustración Xurxo Vázquez
Ilustración Xurxo Vázquez
El incidente tuvo lugar el 15 de abril de 1856 cuando un grupo de norteamericanos, entre los que se encontraba Jack Olivier, paseaban por la estación del ferrocarril después de pasar varias horas de copas. El tal Jack -más chulo que Mario Conde bailando un chotis- cogió una rodaja de sandía de un puesto ambulante. Cuando el propietario, José Manuel Luna, le indicó que el precio eran 5 centavos, Jack se dio la vuelta y se marchó. El vendedor volvió a requerirle el pago y Jack siguió sin hacer caso. José Manuel sacó un cuchillo y le amenazó, pero Jack, altanero y ufano, desenfundó su arma de fuego y le apuntó. Este incidente fue contemplado por todos los presentes y derivó en una pelea callejera entre estadounidenses y la población local que terminó con un saldo de 15 muertos y 16 heridos estadounidenses… por el lado local: dos muertos y 13 heridos.
Aquel conflicto acarreó consecuencias internacionales: los estadounidenses acusaban a las autoridades locales de no mantener el orden y éstos, apoyados en el informe de los cónsules de Francia y Gran Bretaña, a la pandilla de Jack de provocar el incidente. El gobierno de EEUU, ante el informe del comisionado estadounidense Amos Corwine que aconsejaba la inmediata ocupación del istmo, envió un contingente de 160 soldados que tomaron la estación del ferrocarril. Tras tres días de ocupación, los soldados se retiraron sin disparar un solo tiro cuando las autoridades locales accedieron a negociar. El 10 de septiembre de 1857 se firmaba el Tratado Herrán-Cass, mediante el cual la República de Nueva Granada aceptaba su culpabilidad y, además, se fijaba una indemnización en favor de los estadounidenses de412.394 dólares en oro por daños y perjuicios.

sábado, 20 de abril de 2013

EL SACO DE AMBERES...Jo





No era infrecuente que los ejercitos de cualquier país se amotinaran en numerosas ocasiones, principalmente por retrasos en recibir su soldada; los tercios españoles eran peculiares hasta en la hora de amotinarse. Normalmente, el resto de tropas de otros países, se sublevaban en momentos cruciales antes de entrar encombate, sin embargo, los tercios primero se batían si era menester y después se amotinaban con todas las de ley, no fuera que se pensaran que lo hacían por no combatir y es que cualquier cosa antes que se pusiera en duda su gallardía.

Entre los mucho motines que protagonizaron las tropas de los tercios (en Milán, Sicilia, Haarlem, Amberes…) el ocurrido en Alost, es quizás uno de los más sonados y más representativo de esta especial manera actuar.


En Alost (Aalst en flamenco) se encontraban unos 1.600 soldados del tercio de Valdés, algunas de cuyas unidades llevaban más de dos años y medio sin recibir su paga. Hartos de tener que buscarse la vida robando y rapiñando allá por donde pasaban, deciden levantarse en armas pero como debe de ser, con honor.



Primero dejaron salir a los oficiales de alto rango para no ponerlos en el compromiso de tener que elegir entre la lealtad al rey o la de sus hombres y luego nombraron a un jefe que se encargaría de encabezar las negociaciones y de mantener las cosas dentro de un orden. Este cabecilla tiene poder absoluto, incluso posee la potestad de imponer sentencias de muerte a aquellos que no guarden las debidas formas.

Los amotinados en las negociaciones.

Se encontraban los levantiscos en plenas negociaciones para ver si cobraban algo de una vez, cuando les llega la noticia que en la cercana localidad de Amberes, 20.000 rebeldes herejes han atacado a las tropas españolas allí acantonadas (apenas unos 1.000) y que a duras penas resisten dentro del castillo de la ciudad.

Enterado de las difilcutades de sus compañeros, los amotinados de Aalost no lo dudan. Todos estan de acuerdo en:

“socorrer el castillo y ganar la villa o perder las vidas sobre ello”

Salieron de Alost a las tres de la madrugada y antes del amanacer habían recorrido los 40 km. que les separaba de Amberes. Antes de entrar en la ciudad se detienen y se preparan.



<<Pasaron los amotinados con la demás infantería el puente del castillo, y en la contraescarpa de él hicieron oración todos para asaltar, y al fín de ella, guiándoles un soldado, llamado Juan de Navarrete, natural de Baeza, a quien habían hecho su alférez, que llevaba un estandarte y en él pintado un crucifijo de una parte, y Nuestra Señora de la otra, arremetieron los amotinados con sus capitanes por la calle de San Miguel, y Julián Romero con su gente por la de San Jorge, apellidando [gritando] Santiago, España, al cerrar con las trincheras y reparos de los Estados [rebeldes]>>.

Nota: Como en teoría seguían amotinados y se negaban a luchar bajo la bandera del Tercio, el estandarte que se describe arriba es uno fabricado por ellos mismos.

Entre distintos refuerzos que llegaron además de los de Alost, en Amberes se juntaron un total de 2.200 infantes españoles, 800 alemanes y 500 caballos con los que hacer frente a los 20.000 rebeldes y a pesar de semejante superioridad numérica, el empuje de los tercios consiguió desbaratar la líneas enemigas formadas en su mayoría (14.000) por civiles armados y con poca experiencia de combate.


Los tercios hacen huír a los rebeldes.

Pero lo que podía haber sido una brillante y gloriosa victoria a la larga se tornaría en una ingrata pérdida para los españoles. Unos pocos rebeldes se atrincheraron en el ayuntamiento al que se le prendió fuego. Las llamas se extendieron a las casas vecinas y el voraz incendio, que destroza gran parte de la ciudad, se convierte en el inicio del saco de Amberes o Spaanse Furie (furia española) como lo llamaron los holandeses. Las paupérrimas tropas de los tercios, vieron en Amberes la oportunidad de hacer algo de fortuna y fueron tres días seguidos de desmanes y pillajes en donde las víctimas civiles se contaron por miles.

Quema del ayuntamiento de Amberes


La indignación de las provincias y el Consejo de estado por el saqueo no tuvo límites. El día 8 de noviembre firmaron la pacificación de Gante que exigía la salida de los soldados españoles de los Países Bajos, acuerdo que Don Juan de Austria tuvo que aceptar para no perder totalmente el control de las provincias.

El episodio del saco de Amberes también pasó a engrosar la leyenda negra española.

domingo, 31 de marzo de 2013

GÁLVEZ; UN HÉROE ESPAÑOL...Jo

Gálvez: el marino español que se aventuró «solo» contra las defensas inglesas de Florida

Tropas españolas cargan contra los ingleses en el fuerte del «Rey Jorge»


EE.UU vivió en Pensacola una batalla decisiva para su independencia. Y, fíjense por donde, aquella lid de 1781 fue librada y ganada por la Infantería de Marina de la siempre olvidadiza España. Una vez más las casacas rojas de la Pérfida Albión se cruzaban en el rumbo de nuestra Historia. Esa vez, al inglés le tocó perder.
El de Pensacola, en tierras de la Florida occidental, fue undesembarco audaz y osado dada la dificultad de acceder a su bahía. Una empresa temeraria que, exitosa finalmente, alumbraría para siempre el arrojo (cojones, que se dice ahora) de uno de los personajes más influyentes y desconocidos de la Historia común de España y de EE.UU: Bernardo de Gálvez Gallardo Madrid, vizconde de Galvestón y conde de Gálvez. Tras aquel fuego de Pensacola su escudo de armas siempre luciría el lema de «Yo Solo», porque así fue cómo entró en el bastión inglés de la Florida: «El que tenga honor y valor que me siga».
«Para entender el desembarco de Pensacola, antes debemos remontarnos a la Guerra de los Siete Años (1756-1763), ganada por el Reino Unido a una coalición de naciones entre las que se encontraba Francia y España», relata José María Moreno Martínjefe de la sección de Cartografía del Museo Naval, que este mes exhibe como «pieza destacada» un mapa en ocho viñetas sobre la batalla de Pensacola.
Tras esa guerra, la España de Carlos III y la Francia de Luis XV, y después Luis XVI, aguardaban avizor una primera oportunidad para devolver el golpe a Inglaterra. Y esa vino con la sublevación de las Trece Colonias (1775) que para sufragar las guerras de la metrópli veían cómo sus cargas impositivas aumentaban sin cesar. La gota que colmó el vaso fue el nuevo impuesto del té, que originó un motín en Boston.

España desde el primer momento ayudó económicamente a los rebeldes norteamericanos llegando a pertrechar a 30.000 rebeldes con sus uniformes, fusiles y 216 cañones, pero... ¿debía intervenir militarmente como hizo posteriormente la Francia de Luis XVI tras la insistencia de Benjamin Franklin? He ahí el dilema del Rey Carlos III. «España se encontraba en una posición más delicada. Por un lado nos encontramos con las tesis del Conde de Floridablanca, que abogaba por mantenerse neutral so pena de desencadenar un efecto dominó de independencias en las colonias españolas americanas. Por otro lado, el Conde de Aranda, embajador de España en París, veía en el apoyo a las Trece Colonias una oportunidad idónea para recuperar Gibraltar», explica Moreno Martín.
Definitivamente se impusieron las tesis del Conde de Aranda yen 1779 España declaró la guerra a Gran Bretaña. Ya nada sería igual en la Guerra de Independencia de las Trece Colonias: Inglaterra se vería obligada a dividir esfuerzos en el Canal de la Mancha (contra Francia), el Mediterráneo(contra España) y el Golfo de México, donde Inglaterra había arrebatado años antes a España algunas plazas marítimas como era el caso de Pensacola, también conocida como San Carlos de Panzacola. Conclusión: las fuerzas de la guerra por la Independencia de las Trece Colonias se niveló. Por un lado,Reino Unido (120 navíos y 100 fragatas) y, por el otro, Francia (60 navíos y 60 fragatas) y España (60 navíos y 30 fragatas).
Es aquí donde saldrá a relucir el ingenio del entonces gobernador de la Luisiana, el malagueño Bernardo de Gálvez (Macharaviaya, 1746 - Tacubaya, en Ciudad de México,1786) quien comenzó a forjar su leyenda militar como capitán en tierras de Nueva España, llevando a cabo una campaña contra los indios Apaches. Con 24 añitos y heridas a doquier, el futuro «Yo Solo», ameritaba ya el galón de comandante de armas de Nueva Vizcaya y Sonora(aproximadamente el actual estado de Nuevo México). El héroe militar español en tierras del ahora EE.UU. forjaba su leyenda, aunque antes regresaría a España para participar en la fallida expedición de Argel (1775), foco central de la piratería en el Mediterráneo.
En su vuelta a América en 1776 Bernardo de Gálvez es destinado a la plaza de Luisiana. Y es por eso que cuando España decide librar batalla a Inglaterra en el Golfo de México todas las venturas se dirigen hacia él. Fijó como objetivo recuperar Pensacola; antes caerían las posesiones británicas de Manchac y Baton Rouge -en la desembocadura del río Mississipi- o Mobila (1779). El círculo se estrechaba así en torno a la capital de la Florida. Sin embargo, su disposición geográfica y su estrecho con escasa profundidad impedía acometer la empresa.
«Se trataba de una operación bastante complicada, por no decir inverosímil», destaca el jefe de cartógrafos. Un 28 de febrero de 1781 partía desde La Habana la expedición española con 36 buques de guerra con José Calvo Irazábalcomo de jefe de la escuadra. En sus tripas los ansiosos infantes de Marina aguardaban el desembarco. Por tierras otras tropas españolas y después francesas esperaban el desembarco para envolver la plaza de Pensacola.
En este momento nos dirigimos de nuevo al Museo Naval de Madrid. En el mapa de 8 viñetas que se exhibirá durante dos meses más como «la pieza detallada» (encargado a raíz del informe de la toma de Pensacola «con la clara intención de narrar la historia de una batalla») observamos en su parte central a los navíos españoles frente al escenario de la batalla. La ciudad de Pensacola en su bahía y la isla de Santa Rosa en la bocana de acceso, formando un estrecho con la posición fortificada de Barrancas Coloradas, desde donde provenía el principal riesgo de la empresa.
Gálvez: el marino español que se aventuró «solo» contra las defensas inglesas de Florida
ARCHIVO DEL MUSEO NAVAL-MAPA PENSACOLA

La toma de la isla de Santa Rosa


El trabajo se auguraba duro, ya que, para llegar hasta su objetivo, la escuadra tenía que pasar a través de un estrecho flanqueado por dos baterías de cañones. Una sentencia de muerte sin duda. Por ello, Bernardo de Gálvez se decidió a tomar el fuerte de la isla de Santa Rosa para así evitar ser aniquilados por un fuego cruzado.
Con valentía, las tropas del malagueño desembarcan en el terreno dispuestas a derramar sangre inglesa pero, para su sorpresa, la fortaleza estaba desmantelada.«Consiguieron tomar la isla sin ninguna baja y sin ningún disparo», sentencia Moreno Martín. La moral aumentó pues, para entrar hacia la bahía de Pensacola, ya sólo tenían que pasar a través de la batería de las Barrancas Coloradas.

«Yo solo»


«Una vez conseguido esto, lo que pretendía Bernardo de Gálvez es pasar con toda la escuadra, eso sí, lo más cerca posible de la isla (ya española) para evitar el fuego de las Barrancas Coloradas», afirma el jefe de la sección de Cartografía. La empresa comenzaba a tomar forma, pero, al aventurarse por el estrecho, el fondo del casco del navío en el que viajaban el malagueño y Calvo (el San Genaro), tocó en el suelo: tenía demasiado calado para pasar. Por ello, fue necesario salir a aguas más profundas para no quedar encallados.
En ese momento comenzaron las discrepancias pues, mientrasGálvez quería entrar en la bahía y tomar Pensacola,José Calvo (al mando de la escuadra), se negaba en rotundo a atravesar el estrecho. Y es que argumentaban, no sin razón, que no se conocía bien el terreno y que una peligrosa tormenta tropical se aproximaba hacia el lugar. Además, la batería situada en el fuerte de las Barrancas Coloradas seguía activa y, en el caso de que un navío quedara encallado, toda la escuadra podría sufrir su fuego y ser seriamente dañada.

Para Gálvez, en cambio, no había opción. El marino subió a bordo de un bergantín llamado «Gálveztown» (un barco con menor calado que el «San Genaro») y se dispuso a llevar a cabo una de las mayores heroicidades de la Historia española: entrar sólo en la bahía pasando a través del fuego enemigo. Sus últimas palabras quedarían grabadas en la historia: «Una bala de a treinta y dos recogida en el campamento, que conduzco y presento, es de las que reparte el Fuerte de la entrada. El que tenga honor y valor que me siga. Yo voy por delante con el Galvez-town para quitarle el miedo».
No había vuelta atrás, Gálvez enarboló la bandera de Comandante y entró en el puerto junto dos pequeñas cañoneras y un buque de transporte. En contra de lo que se puede pensar, no sufrió serios daños por parte de las baterías enemigas y, además, atrajo el fuego sobre sus barcos. «De aquí es donde viene la leyenda que se puede leer en su escudo de armas: ‘Yo Solo’, porque pasó sin que le siguiera en principio ningún comandante», explica Moreno. «Después pasó toda la escuadra, ya que había buques que hacían frente al fuego de las Barrancas Coloradas y podían atravesar la zona con seguridad» determina el experto.

La marcha de Calvo y la llegada de refuerzos

Tras la entrada en la bahía de Gálvez, el resto de buques se decidieron a seguirle. ¿Todos? No. Hubo uno que se retiró, y es, según fuentes históricas, el navío en el que se encontraba José Calvo. Al parecer, el oficial decidió volver a La Habana tras ver el éxito del malagueño. Definitivamente, su misión había acabado, como más tarde le haría saber Gálvez mediante una misiva.
Antes de llegar a su destino, sin embargo, se detuvo en Matanzas (Cuba) donde preparó minuciosamente su defensa ante las posibles acusaciones que sufriera al llegar a territorio español. ¿Se apoderó la vergüenza de él?, probablemente, peronunca se supo a ciencia cierta. Lo que es cierto es que, al partir, dejó a la flota española sin su navío, un gran activo en la contienda.

Tras el ataque inicial, y como estaba planeado, una fuerza terrestre española tomó posiciones para ayudar a asediar Pensacola. Pero esos no serían los únicos refuerzos que recibiría Gálvez. «Ese mes llegó una nueva escuadra de navíos, en un principio se pensaban que era enemiga y que venía a ayudar a los sitiados en Pensacola, pero descubrieron que eranespañoles comandados por José Solano y Bote que acudían a socorrer a Gálvez», destaca Moreno. Con esta flota eran ya casi8.000 los hombres preparados para iniciar el asedio en contra de los 3.000 ingleses.
Además, a los asaltantes también se les unieron cuatro fragatas francesas con casi 800 soldados. Y es que, Francia quería aportar también en esta batalla su pequeño granito de arena (o de pólvora), para favorecer la expulsión de Florida de los ingleses y, por lo tanto, luchar a favor de la independencia de los colonos.

La caída de Pensacola


Tras la entrada en la bahía, todo dependía ahora de las fuerzas terrestres, comandadas por José de Ezpeleta. Este, tenía órdenes de tomar los tres fuertes que defendían Pensacola: el de la «Media Luna», el del «Sombrero» y el del «Rey Jorge». «El siguiente episodio se produjo cuando las fuerzas españolas consiguieron tomar la fortaleza de la Media Luna,donde murieron 52 británicos», explica el jefe de Cartografía.
«A partir de ahí consiguieron pasar a la del Sombrero, luego a la del Rey Jorge y asaltar por detrás la ciudad», finaliza Moreno. La misión tocó a su fin, pues en menos de diez días Pensacola se rindió a los españoles. Las Barrancas Coloradas fueron las siguientes en abandonar la defensa, y es que, tras la caída de la ciudad, poco tenían que hacer ante el arrojo de Gálvez.

Una tormenta imperfecta


Una vez finalizada la contienda un nuevo enemigo se asomó entre las nubes: un huracán que causó grandes problemas a los españoles entre el 5 y el 6 de mayo de 1781, como bien puede apreciarse en una de las últimas viñetas del mapa. «Se puede ver como el autor dibuja una mar rizada y los barcos inclinados con sensación de movimiento», sentencia el experto. Sin embargo, no hubo que lamentar grandes daños, ya que los buques se retiraron de la costa y acudieron a proteger la entrada de la bahía frente a posibles refuerzos ingleses.
Gálvez: el marino español que se aventuró «solo» contra las defensas inglesas de Florida
Bernardo de Gálvez
A pesar de las pocas bajas que sufrieron los dos bandos durante esta contienda (74 españolas por 145 inglesas), sin duda la de Pensacola fue una de las batallas que favoreció la independencia de los EE.UU. Y es que, gracias a la toma de la ciudad, se abrió otro frente para los ingleses, que se vieron obligados a destinar soldados a las inmediaciones de la zona descuidando en cierta manera la lucha contra los colonos.
La hazaña le valdría a José Solano y Bote el título de «Marqués del Socorro» por la ayuda prestada. A su vez, Gálvez recibiría gracias a la toma de Pensacola el nombramiento de mariscal de campo, además de un título que no le abandonaría jamás… «Yo solo».
En la España descafeinada de hoy, apenas nadie recuerda aquellos avatares acaecidos en la Florida a fines del siglo XVIII. Si preguntáramos en un instituto, Universidad o redacción de periódico (sí, también) qué es Pensacola nos sorprenderíamos con la respuesta. Eso será en España, porque en EE.UU. aún tienen claro que sin el arrojo de Bernardo de Gálvez quizás todo habría sido diferente.