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jueves, 13 de febrero de 2014

EL PUENTE PEGASUS...Post Jo



Una de las acciones aerotransportadas más populares gracias al cine e incluso a los videojuegos es la toma del puente deBénouville, más conocido como puente Pegasus. Este mote se lo pusieron los soldados gracias al emblema de su unidad, un Pegaso sobre fondo rojo, que lucían en el brazo izquierdo los miembros de la Sexta División Aerotransportada Británica.

         A la Sexta División, los Diablos rojos, le correspondía proteger el flanco este de la invasión para ello debían tomar los puentes de Bénouville y Ranville, destruir la batería de Merville, y volar los puentes sobre el rio Dives.

         La división no podía ser lanzada de una sola vez debido a la falta de aviones de transporte por lo que se decidió hacerlo en dos oleadas. La primera sería de noche, bajo el nombre en clave de Tonga y la siguiente en la tarde del día D, operación Mallard...




         La Operación Tonga tenía como objetivo la toma de los puentes de Bénoville sobre el canal del Orne y el Puente deRanville en el rio Orne. La inteligencia aliada confiaba que los puentes estaban defendidos por unos 50 soldados de segunda categoría, reclutados en países ocupados además en los alrededores había elementos del 716ª División de Infantería y el 736º Reg. de Granaderos.

         La toma de estos objetivos fue adjudicada a la 5ª Brigada, en concreto al major Howard. Se le asignó la compañía D del 2nd Ox&Buks, dos secciones de la compañía B y un destacamento de ingenieros. Las unidas fueron transportadas en seis planeadoresHorsa que fueron remolcados por bombarderos Halifax. A las 22:56 despejaron de Tarrant Rusthon, fueron soltados por los bombarderos cerca de Merville a unos 1900 m. de altura. Los Hallifax para engañar a los alemanes se dirigieron a bombardear una fábrica de cemento.

         Los planeadores se dirigieron a sus zonas de aterrizaje, LZ-X (Land Zone), señalizadas por los Pathfinders que había sido lanzados desde 6 aviones Albermale a las 0200. De los seis Horsacinco encontraron sus objetivos pero el nº 94 aterrizó a más de 13 Km.

         A las 00:16 el Horsa nº91 pilotado por el sargento mayor Wallwork aterrizó a 50 metros del puente sobre el canal, llevando a bordo al majorHoward y a la sección A. El sargento Boland tomo tierra con el planeador nº92, llevando consigo al teniente D.J. Wood y a la sección B. Más tarde el nº93 con el teniente Smith y la sección C se detuvo sobre una laguna.

         El puente Pegasus estaba protegido con un cañón de 5 cm, y una posición fortificada de hormigón para ametralladoras y 50 soldados. Pero la suerte se unió con los británicos ya que el soldado Helmut Römer, centinela del puente creyó que el ruido del aterrizaje de los planeadores era parte de los bombardeos y no dio la alarma. Los  Diablos rojos se dirigieron al puente, tres hombres tomaron fácilmente el Bunker mientras que una veintena cruzaron a la orilla izquierda, en ese momento una ráfaga de ametralladora le costó la  vida al Teniente Brotheridge.  En tres minutos se tomó el objetivo, se desactivaron las cargas de demolición y la guarnición alemana muerta o  puesta en fuga.

         Más al  este los aeroplanos 95 y 96 pilotados por los sargentos Pearson y Howard aterrizaron en LZ-Y. El puente sobre el Orne fue tomado por las secciones E y F bajo las ordenes de los tenientes Sweeny y Fox.

         Howard envió el mensaje “Ham and Jam” para comunicar la toma de ambos objetivos en solo diez minutos.

         Pero la misión no finalizó, debían defender la posición ante los contraataques alemanes hasta la llegada de refuerzos. En el puente Pegaso destruyeron un tanque ligero con un PIAT y rechazaron a una patrullera alemana. Mientras en el río hicieron prisionero al comandante Hans Schmidt, que pidió al teniente Sweeny que le matase por haber perdido la posición, los defensores encontraron lencería y perfumes en el vehículo alemán que demostraba a que se dedicaba el detenido durante la noche.
IWM

          A las 03:00 horas llegaron efectivos del 7º Batallon Paracaidista. A las 13:30 una gaita escocesa rompió el silencio, era Bill Millin el gaitero del excéntrico Lord Lovat, comandante de la 1ª Brigada de Servicios Especiales.

         El puente original que fue construido en 1934, fue sustituido en 1993 por un nuevo puente balanceador. El viejo fue vendido a los veteranos británicos por una libra y actualmente forma parte del Memorial Pegasus.

         Una anécdota para finalizar, en la orilla izquierda del canal había un café regentado por el matrimonio Gondrée, que sería la primera casa liberada en Francia. Durante todo el día el matrimonio descorchó 99 botellas de Champagne para celebrar la liberación. El matrimonio fue nombrado como miembros honoríficos de la Sexta División. Ahora en el café hay un pequeño museo sobre la batalla.

“El Puente Pegasus” por Francisco García Campa – Bellumartis Blog de Historia Militar.

Bibliografía:

-         FOWLER, W.  “El Dia D, las primeras 24 horas”. LIBSA

-         AMBROSE, S. “El Puente Pegasus, El primer combate del día D”. Inédita Ediciones

-         Díaz Cabo, D. “NORMANDIA 1944, de turismo por la historia”. Portobello ediciones

-         Revista española de Historia Militar. Nº48


         Fotografias: Imperial War Museum, IWM

viernes, 19 de abril de 2013

GENERALFELDMARSCHALL FERDINAND SCHÖRNER





Ferdinand Schörner fue uno de los últimos mariscales nombrados por Hitler durante la Segunda Guerra Mundial y tal vez uno de los más controvertidos. Nacido en junio de 1892 en Munich, era hijo de un oficial de policía y cuando en 1911 dejó los estudios ingresó como voluntario en el Ejercito Bávaro por un espacio de tiempo de un año. Tras esta corta experiencia militar  comienza a estudiar filosofía y lenguas modernas con intención de convertirse en docente. Su carrera académica es cortada de repente por el estallido de la Primera Guerra Mundial, contienda en la que tan solo alcanzó los grados de teniente y capitán al mando de una compañía. A pesar de la relativa baja graduación demostró gran valor, circunstancia por la cual le fueron concedidas las más altas condecoraciones, la Cruz de Hierro y  la medalla Pour le Merite así como la reputación de soldado duro.

Tras la guerra y durante el caótico periodo siguiente, Schörner se alistó en el famoso Freikorps liderado por Ritter von Epp en la lucha contra los comunistas antes de ingresar en el pequeño ejército alemán de la República de Weimar, el Reichswher. Durante los años 20 entra a formar parte del Estado Mayor de dicho ejército y en 1931  es nombrado instructor en tácticas e historia militar de la escuela de infantería de Dresde. En 1937 alcanza el grado de teniente coronel y se le otorga el mando del 98º Regimiento de Infantería de Montaña, y es con este tipo de tropas donde alcanzara la mayor notoriedad.

Durante la campaña polaca de 1939 y con su regimiento alpino actúa de forma muy brillante así como en los primeros días de la Batalla de Francia por lo que a finales de mayo de 1940 obtiene el mando supremo de la 6ª Division Alpina. Ya como general, interviene en la campaña de Grecia siempre al frente de sus desafortunados y sufridos hombres, haciendo honor a su carácter estricto y brutal. Uno de sus lemas era “el miedo ahorra sangre”.

Schörner fue subiendo progresivamente su graduación así como las unidades bajo su mando a través de la difícil y amarga guerra contra la Unión soviética siendo siempre destinado allí donde existiesen grandes dificultades. Nacionalsocialista convencido, no tuvo problemas de conciencia con las atrocidades cometidas durante el transcurso de la guerra en el frente oriental, por lo que siempre fue bien visto por Hitler y su camarilla de generales, gracias a esta circunstancia y su férreo manejo de la situación se le fue concedida al Cruz de Caballero en todos sus grados.

A principios de 1945, al entonces Coronel-General Ferdinand Schörner se le concedió el mando del Grupo de Ejércitos Centro que estaba a punto de ser colapsado, estabilizando la situación del frente gracias a una serie de batallas dilatorias contra las superiores fuerzas del Ejército Rojo. En abril de 1945, ya en los últimos compases de la guerra, Hitler le nombra mariscal e incluso le nombra comandante en Jefe del Ejército en su testamento político.

Si bien la imagen de brutalidad de Schörner fue mantenida durante toda la guerra, es a finales de la misma cuando sus acciones crearon gran controversia.  Justo en los últimos días de la guerra, en mayo de 1945 cuando sus tropas seguían luchando en Praga con la esperanza de ser liberada por tropas estadounidenses en lugar de soviéticas, Schörner viendo que esa posibilidad no se podía producir, escapa hacia el Tirol en su avión particular vestido de civil con la estrambótica idea de organizar la ultima resistencia en el “Alpenfestung” o reducto alpino. Convencido que toda resistencia es inútil, al final se entrega a los norteamericanos que lo entregaron a los soviéticos para ser juzgado.

Schörner fue condenado a 25 años de prisión, sentencia que fue conmutada y liberado en el año 1955 siendo entregado nuevamente ante un tribunal, en este caso de la Alemania Federal con los cargos de asesinato. Tras dos años más de prisión, el último de los mariscales de Hitler murió de un ataque al corazón en 1973.

El mariscal soviético Konev escribió de él:  “Si no hubiese sido por Schörner, el Ejército Rojo hubiese entrado directamente en Baviera” pero lo cierto es que la imagen del mariscal Ferdinand Schörner siempre estará ligada a la brutalidad ejercida y al final incluso a actos de cobardía y deserción que supuso el abandono de su puesto al frente de sus tropas en Praga y su huida rocambolesca al Tirol.

domingo, 31 de marzo de 2013

EL DESASTRE DEL WILHEM GUSTLOFF....Jo




El 12 de abril de 2012 se conmemoró el centenario del naufragio del Titanic y todos los medios del mundo le dedicaron un emo tivo recuerdo. Las peculiares circunstancias de su hundimiento han convertido al Titanic en un mito inolvidable. De hecho, si las catástrofes tuvieran categorías, la del célebre transatlántico de la naviera White Star sería el punto de referencia de los dramas imborrables. Es un hecho. El Titanic ocupa la cúspide de la particular mitomanía que generan las tragedias en el mar y es frecuente suponer que su hundimiento constituye la mayor tragedia marítima de la historia. Pero no es así, ni de lejos. 

Si el interés mediático por la pérdida de un barco se basara sólo en el número de muertes, el Titanic dejaría su puesto de honor en la memoria colectiva para dar paso, abrumado, al buque alemán Wilhelm Gustloff, que se alzaría indiscutible a la cima de los desastres en el mar. Así lo acreditan los casi 10.000 muertos en esa calamidad producida por el impacto de tres torpedos soviéticos disparados cuandola II Guerra Mundial tocaba a su fin y el mismo día que Hitler se dirigió a los alemanes por última vez. En contraste con el bullicio histórico que rodea al Titanic, detrás del Wilhelm Gustloff sobrecoge el silencio de las víctimas alemanas anónimas, sacrificadas por la guerra en las gélidas aguas del mar Báltico. Se trata de las muertes habidas en el curso de una serie de matanzas sucesivas, acaecidas en el contexto bélico de la denominado operación Aníbal, nombre clave del operativo ordenado por el almirante Karl Dönitz para la evacuación de Prusia Oriental y del corredor polaco de los dos millones a dos millones y medio de alemanes que en 1945 huían aterrados del avance de los ejércitos de Stalin. 





El Wilhelm Gustloff era un lujoso crucero civil diseñado para viajes de placer, pensado para albergar a 1.880 personas entre tripulantes y pasajeros. En sus travesías en tiempo de paz pasó por España, pero en 1936, al comienzo de la guerra civil española, trajo hasta aquí parte dela Legión Cóndor y material bélico para los nacionales. Apenas tres años después, en los prolegómenos de la Segunda GuerraMundial, fue reconvertido en buque hospital. Hizo este trabajo en las campañas de Polonia y Noruega para luego dirigirse a la mayor bahía del Báltico, en Szczecin, Polonia, (Stettin en alemán). Allí lo convertirían en residencia de entrenamiento de la gran base germana de instrucción de guerra antisubmarina ubicada en aquel lugar. 

Le añadieron unas ametralladoras antiaéreas sin que ese detalle lo convirtiera en un barco de guerra. Y así pasó su tiempo, con más pena que gloria, hasta enero de 1945, cuando a los alemanes les llegó la hora de abandonar el frente del este empujados a sangre y fuego por el avance soviético. Todos los buques germanos disponibles en el Báltico, mil cien contando botes y pesqueros, fueron destinados a la evacuación. Entre los barcos de mayor desplazamiento se encontraba el Wilhelm Gustloff, que fondearon en el puerto de Gotenhafen, hoy Gdynia (Polonia), a unos30 kilómetros al norte de Gdansk, una zona que había sido ocupada porla Wehrmacht en 1939. Las crónicas hablan de decenas de miles de refugiados agolpados junto al puerto en busca de un barco en el que huir hacia Kiel. El desorden era tan tumultuoso que sólo algunos disparos al aire parecían calmar la situación unos minutos, pero luego vencían de nuevo el miedo y un caos que explica por qué las cifras que se barajan sobre personas embarcadas en cualquiera de aquellos barcos son forzosamente aproximadas. Un testigo afirma que la mañana del 30 de enero, cuando habían embarcado unos 3.000 pasajeros, dejaron de contar. De este modo en el Wilhelm Gustloff se agolparon casi 11.000 personas. No había cubierta, camarote, pasillo o bodega practicable sin ocupar. Y esta vez los pasajeros no eran veraneantes disfrutando del placer de navegar por cálidas aguas. Esta vez embarcaron el miedo, el frío y la muerte. Heinz Schön, sobrecargo del barco y principal estudioso del suceso, calcula que a bordo iban 173 tripulantes, 918 oficiales, suboficiales y marinos de una división de guerra antisubmarina, 373 mujeres del Cuerpo Femenino Auxiliar dela Kriegsmarine, 162 soldados heridos, 8.956 civiles, de los que se estiman que 4.000 eran niños. 




En total, 10.582 personas a bordo, de las que fallecerían 9.343, cifra que deja unos 1.200 supervivientes. Pero la verdad, nadie pudo contar con rigor a todos los que embarcaron. En esas condiciones y con los submarinos soviéticos al acecho, el Wilhelm Gustloff zarpó de Gdynia a las 12.30 horas del mediodía del 30 de enero de 1945 al mando de dos capitanes: Friedrich Petersen, civil, y Wilhelm Zahn, dela Kriegsmarine. El tiempo era malo. Mucho viento, nieve y10ºC bajo cero.


 El barco se hizo a la mar y oscureció. Había luna nueva y hacía frío, mucho frío. La derrota que tomaron fue la decidida por el veterano capitán civil Petersen. Aguas profundas y luces de posición apagadas en busca de la protección de otro convoy armado que suponían navegaba más al norte rumbo a Kiel. Creyeron encontrarlo y encendieron las luces de navegación para evitar un abordaje ante la nula visibilidad. Con esa acción y para su desgracia se pusieron a la vista de periscopio del capitán Alexánder Marinesko, al mando del submarino soviético S-13. Fue la perdición del Gustloff, que en ese instante se encontraba entre la bahía de Danzig y la isla danesa de Bornholm con Stolpmünde (hoy Ustka) por el través. Dieron las nueve de la noche. El S-13 armó cuatro torpedos, cada uno con su lema escrito sobre el casco: “por la madre patria”, “por Stalin”, “por el pueblo soviético” y “por Leningrado”. Disparó tres que hicieron blanco. 





El transporte acusó los impactos y escoró rápidamente a estribor recuperando la verticalidad, pero poco después, volvió a escorar hacia babor. El suboficial Karl Hoffman relató que el primer torpedo hizo blanco en la proa debajo de la línea de flotación; el segundo, en la sección media, a la altura de la piscina, y mató a casi todas las mujeres auxiliares de la Kriegsmarine, y el tercero impactó a mitad del buque por delante de la sala de máquinas. En pocos minutos, el castillo de proa se encontraba casi bajo las aguas. El Gustloff se hundió en menos de 50 minutos llevándose consigo entre 9.200 y 10.000 mujeres, niños y hombres. Sólo 1.239 personas (otras fuentes señalan poco más de 900) pudieron ser rescatadas vivas por los buques alemanes que se encontraban en las cercanías. El mar, relataron los testigos, aparecía como un tenebroso paisaje cubierto de cadáveres con salvavidas. 

sábado, 26 de enero de 2013

EL 442º REGIMIENTO DE COMBATE....Jo


Tras el ataque de la Marina Imperial Japonesa a la Flota del Pacífico de la Armada de los Estados Unidos en Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, y la posterior declaración de guerra de EEUU contra Japón, el gobierno de Franklin D. Roosevelt decretó el traslado e internamiento de los japoneses residentes en los EEUU – incluso de segunda y tercera generación, nisei y sansei respectivamente, con la ciudadanía estadounidense – en campos de reasentamiento (hablando en plata, campos de concentración). La sospecha de que el ataque a Pearl Harbor había recibido la ayuda de japoneses residentes en Hawai y el miedo a que los ciudadanos de origen japonés actuasen como quinta columna, justificó la creación de estos campos. En 1942, la War Relocation Authority, el organismo responsable de la detención y el traslado, había construido diez campos en siete estados y transferido a ellos más de 100.000 personas.
Como en Hawai los ciudadanos de origen japonés suponían más de un tercio de la población total, la medida de internamiento no tuvo la misma rigurosidad que en el continente. Paralelamente a la ley de internamiento, el Departamento de Guerra emitió una orden para que se licenciase a todos los soldados de ascendencia japonesa del servicio activo. Sólo unos cientos quedaron en la Guardia Nacional de Hawai. Este pequeño grupo fue trasladado a un campamento de Wisconsin y allí tuvo que superar cientos de pruebas, demostrar su valía y jurar morir por los EEUU. El 1 de febrero de 1943, y tras justificar su lealtad a la patria, el gobierno americano revocó la orden y permitió a los ciudadanos estadounidenses de origen nipón, los de segunda y tercera generación, formar parte de las Fuerzas Armadas. Levantado el veto, se presentaron muchos voluntarios, sobre todo de Hawai, y se creó el 442º Regimiento de Combate compuesto casi en su totalidad por soldados de origen japonés. Durante toda la guerra, y adscritos al 442º, 14.000 soldados de origen japonés lucharon contra los alemanes en Italia, Francia y Alemania.

Regimiento 442º
Ironías de la vida, este Regimiento ha sido el más galardonado con distinciones al mérito y al valor en toda la historia de los EEUU… un total de 18.143. De entre ellas 21 Medallas de Honor (la máxima condecoración militar de los EEUU). En 1988, el presidente Ronald Reagan firmaba la Ley de Libertades Civiles por la que se concedieron indemnizaciones a los ciudadanos americanos de origen japonés que habían sido internados durante la Segunda Guerra Mundial. La ley garantizaba a cada internado superviviente una indemnización de 20.000 y, además, se reconoció que el internamiento se basó en “los prejuicios raciales, la histeria bélica y la falta de liderazgo político“.

jueves, 27 de diciembre de 2012

LAS LANCHAS TORPEDERAS "E"...Jo


  La historia técnica de las lanchas torpederas alemanas, S-Boote para ellos y E-Boat para sus enemigos, es un tributo a la imaginación y resolución de los ingenieros alemanes. Luego del tratado de Versailles que limitaba al máximo el armamento alemán, estos estimularon su ingenio para desarrollar modernas armas dentro de los límites del mismo.
            Convirtiendo los obstáculos en ventajas diseñaron armas que, ajustándose a las limitaciones del tratado de Versailles, capitalizaron nuevas tecnologías y tácticas que sirvieran de base a la defensa de la nación. La rápida ocupación de Francia en 1940, y la superioridad de Alemania en armas y tropas, demostró lo acertado del programa. El desarrollo de los S-Boote (que fueron llamados Schnellboote: Schnellboot significa lancha rápida. Schnellboot es singular, Schnellboote es plural) es un clásico ejemplo del caso.
085 - Modelo a escala de una lancha torpedera alemana tipo S-26
088 – Modelo a escala donde se aprecian detalles
            Las Schnellboote (Lanchas rápidas) de la Kriegsmarine son consideradas por muchas autoridades como las mejores lanchas torpederas de la Segunda Guerra Mundial. La historia técnica del barco es un tributo a la imaginación, la determinación y los recursos de los ingenieros alemanes. Aunque el Tratado de Versailles impidiera producir armamento bélico a Alemania, los ingenieros alemanes demostraron ser muy ingeniosos y modernistas a la hora de llevar a cabo nuevos diseños que burlaran estas restricciones.
            Los aliados consideraron insignificante éste tipo de embarcaciones como para ser reguladas en el Tratado. Los ingenieros crearon navío preparado para un ataque rápido y certero. Pesadamente armado y veloz, ésta embarcación podía infligir un grave daño al enemigo al tiempo que facilitaba una huida rápida. Su diseño y robustez quedaron demostradas en el futuro operacional de éste navío.          
            Al principio del programa de torpederas, el Alto Mando Naval requirió barcos preparados para el combate en el Mar del Norte. Él programa comenzó en 1920, buscando la construcción de un gran "cazasubmarinos". La mayoría de los proyectos iniciales se centraban en cascos cortos como los empleados en lanchas rápidas, éste tipo de casco era útil para lanchas rápidas en aguas tranquilas; pero perdía su eficacia en aguas más turbulentas, donde las ondas producidas por las olas cierran de golpe sobre el casco plano inferior de la embarcación y generan un penacho de agua que rompe sobre ella. Esto era muy delator cuando se intentaba que el navío maniobrara sin ser localizado por la noche.
            En 1928, en el comando del Mar del Norte solicitaron una lancha de casco de desplazamiento redondo y profundo. La atención se concentró en el diseño del “Oheka II”, un nuevo y lujoso yate a motor construido en 1927 por los astilleros Lüerssen, de Vegesack, para un banquero de origen judío que luego emigró a Estados Unidos. El nombre “Oheka” estaba fundado en el monograma de su dueño: Otto HErmann KAhn. El yate tenía 22,50 metros de eslora y desplazaba 22,50 toneladas. Su velocidad máxima era de 34 nudos, registrando la marca mundial de lanchas en su clase. El  yate surcaba el agua con la potencia de tres motores Maybach de 550 HP.
001 – Plano lateral del “Oheka II”
005 - El lujoso yate “Oheka II”, de Otto Herman, el abuelo de los schnellboot (Cortesía Lürssen)
            Se decidió copiar éste casco para la torpedera, siendo ordenada la construcción a los mismos astilleros de Lüerssen, pero ahora la embarcación debía incorporar tubos de torpedo sobre el castillo de proa y una velocidad mejorada. De aquí nacería el primerSchnellboot de la Kriegsmarine, que sería la base de todos los buques de éste tipo construidos durante la segunda guerra mundial.
041 - Lancha torpedera “S-1” a poco de su puesta en servicio, en 1930
            En 1930 los mismos astilleros alemanes Lüerssen, de Vegesack, construyeron el UZ (S) 16, que en 1932 asumió la denominación definitiva de Schnellboot 1 ó S-1. Esta unidad fue la primera lancha torpedera moderna de desplazamiento y dimensiones importantes, idónea para operar a gran velocidad en mar abierto y en aguas costeras, así como en cualquier condición meteorológica, gracias a las formas especiales y acertadas de la carena, la robustez del casco y la potencia de sus motores.
042 - Perfil de la torpedera S-4 de la serie de 1932
043 – Perfil de la torpedera S-7 de la serie de 1933
           
            El casco, con una eslora de 26,85 metros y una manga de 4,37 metros, era de carena “normal” con formas redondeadas y popa achatada, construida en madera con elementos metálicos de refuerzo longitudinales y transversales, como varengas, cuadernas, baos, etc.. La S-1 desplazaba 51,60 toneladas a plena carga y sus tres motores de explosión, de 900 HP cada uno, le permitían alcanzar una velocidad máxima de 34,21 nudos y mantenerla durante un recorrido de 300 millas. El armamento consistía e dos tubos lanzatorpedos de 533 mm y una ametralladora de 20 mm.

            Los excelentes resultados conseguidos por la S-1 hicieron de ella el prototipo ideal del que derivaron todos los Schnellboote alemanes desde entonces hasta nuestros días. En 1932, la Kriegsmarine encargó otras cuatro unidades similares (S2 a S5), más para entonces ya estaban a punto de completarse los estudios y las pruebas para la adopción de nuevos motores, del tipo diesel rápido, superligeros y de elevado rendimiento.
            Las cuatro torpederas de la serie de 1932 fueron los más grandes buques construidos por Alemania luego de la terminación de la primera guerra mundial. Estaban basados en el prototipo S-1.
            Las cuatro torpederas formaron lo que se llamó “media flotilla”, y sirvieron de base para entrenar y capacitar a los marinos alemanes.
            La instalación de las nuevas plantas motrices tuvo lugar en las unidades de las series S-6 a S-9, de 1933, que con tres motores de 1200 a 1300 HP, un desplazamiento de casi 80 toneladas y una eslora de más de 32 metros, lograron velocidades del orden de los 36 nudos.

044 - Perfil de la torpedera S-6 de 1934
045 - Perfil de las torpederas de 1935 (S-10 a S-13)
            Las torpederas construidas en 1933, construidas de madera y reforzadas con metal, fueron las de más larga vida en la marina alemana. Fueron equipadas con motores diesel MAN y otras con motores Daimler Benz, comprobando que estos últimos obtenían resultados óptimos, y pasaron a ser los favoritos en todas las construcciones posteriores.
            Con solo dos tubos lanzatorpedos y un cañón de 20 mm, su capacidad ofensiva era muy limitada, a pesar de lo cual en 1940 pasaron a cumplir otras funciones: caza submarinos, lanchas patrulleras, etc.. Ninguna de estas torpederas participó de la segunda guerra mundial, ya que fueron vendidas a España en 1936.
            En 1934 se construyó la S-6, un modelo mayor que los anteriores, equipado con motores MAN, y que fue utilizado como cazasubmarinos hasta el otoño de 1940.

            La adopción de los diesel rápidos, alimentados con gasóleo en vez de gasolina, presentaba notables ventajas: mayor seguridad de las unidades en combate a causa del grado de inflamabilidad de los dos tipos de carburante, menor consumo específico, con un aumento notable de la autonomía, y sensible economía.

046 – Torpederas S-6 á S-9 (perfil y planta)
            Las torpederas construidas durante 1935 fueron prácticamente idénticas a las anteriores, salvo los motores, que en esta oportunidad fueron Daimler Benz.
047 - Perfil y planta de las torpederas de 1936/39 (S-14 al S-25)
051 - Torpedera S-14
            Las mejores lanchas torpederas prebélicas aparecieron en 1936/1939: fueron las Schnellboote S-14 a S-25, en algunas de las cuales se instalaron diesel Daimler Benz 501 de 1500 a 2000 HP, que, con potencias crecientes, pasarían a ser los motores estándar de las unidades alemanas de ese tipo.
052 - Lancha torpedera “S-18” a poco de entrar en servicio
047 - Perfil de las torpederas S-18 a S-25, de la serie 1938/39

            El armamento, la línea constructiva y la forma de carena de todas estas unidades permanecieron casi inalterados con respecto a la S-1, aunque aumentaron notablemente las dimensiones, los desplazamientos y las velocidades.

            Se trataba ya de unidades de combate con unos 35 metros de eslora, que alcanzaban los 39 nudos y que desplazaban 117 toneladas.

            A causa de la limitada capacidad de construcción de los motores diesel Daimler Benz de 20 cilindros, las torpederas de la serie 1939 fueron equipadas con otros sucedáneos de 16 cilindros.

053 – Perfil y planta de las torpederas serie S-26

050 - Lancha torpedera S-26 a poco de su entrada en servicio

            Las de esta serie fueron aumentadas de tamaño y fueron destinadas al Mediterráneo, solamente tres sobrevivieron a la guerra, rindiéndose a los aliados en mayo de 1945.
            En 1940 vio a luz un nuevo modelo: la clase S-26, idéntica en dimensiones, sistemas y forma de carena a la S-14, poseía una proa enteramente rediseñada, que se alzaba para englobar los tubos de lanzar  en lugar de dejarlos al descubierto, como en los modelos anteriores. Tal disposición protegía a tubos y torpedos del contacto con el agua, mejoraba el comportamiento con mar picada y permitía montar otra ametralladora Rheinmetall de 20/70 a proa en afuste desmontable.

009 - Líneas del casco de las lanchas del tipo S-26

            Se encargaron 264 unidades de esta clase entre 1940 y 1945, de los que 187 llegaron a entrar en servicio (lo que convierte a esta clase en la más nutrida de las empleadas por la Kriegsmarine). Se perdieron en combate 104 unidades; otras seis fueron cedidas a España en 1943 y prestaron servicio, basadas en La Línea, hasta bien entrados los años sesenta.

358 – Torpedera de la clase S-30
            En 1941 se comenzó a mejorar el armamento original (dos piezas de 20/70, y dos tubos lanzatorpedos de 533 mm) con el montaje de armas de 37/83 Rheinmetall o de 40/56 Bofors, mientras que el 20/70 popel era sustituido por un afuste doble. Todas las unidades podían ser adaptadas para la colocación de minas.

            En las unidades de la serie 701-709 se montaron cuatro tubos de lanzar, dos de ellos dirigidos hacia popa, y se completó ducha dotación con dos cañones Mk 103 de 30 mm en montajes simples y un afuste doble de 20 mm. El armamento varió notablemente según la época y la unidad: algunas unidades montaron un arma de 37 mm y 5 de 20. Los motores MB 518 fueron instalados en pocas unidades.

049 - Lanchas en las que se observa el nuevo puente acorazado, apodado “Zitadel”
           
            En 1943, el diseño alcanzó su cenit al montarse en muchas unidades un nuevo tipo de puente blindado en forma de caparazón, apodado “Zitadel”, construido inicialmente con aleación ligera y posteriormente en acero. Las S-68 y S-100 fueron las primeras lanchas así equipadas.

048 - Perfil de las torpederas de la serie S-100
074 - Perfil de la lancha costera LS-2 (1940)

            Apodadas E-boats por los aliados, las S-26 se convirtieron en las mejores torpederas de su tiempo, operando indistintamente como tales, como cañoneras o como minadores en el Mediterráneo, Báltico, Negro, Mar del Norte y en el canal de la Mancha.
            
086 - Perfil y planta de la torpedera S-100, de 1943

            Las torpederas de la serie 1939/1940 constituyeron la más grande clase de lanchas de ataque construidas en Alemania durante la guerra. Construidas entre 1940 y 1945, sufrieron modificaciones por las experiencias adquiridas en acción, especialmente el aumento del armamento antiaéreo y el aumento de velocidad, que superó los 40 nudos. Incluso se colocó protección blindada para los artilleros y pilotos.

            También se construyeron doce lanchas pequeñas, cuya finalidad era la defensa costera y de los estuarios. Por su pequeño tamaño solamente podían operar en aguas tranquilas.

            Al término de la guerra la mayoría de las lanchas torpederas fueron hundidas por sus tripulaciones, salvo 77 que fueron capturadas tras la rendición y asignadas a las potencias vencedoras.
            Entre finales de julio y comienzos de agosto de 1945, el futuro presidente de los Estados Unidos J. F. Kennedy visitó Alemania; como antiguo comandante de una lancha torpedera en el Pacífico estuvo interesado en inspeccionar una de las lanchas que se encontraban en el puerto de Bremen, comentando posteriormente en su diario: "Este Schnellboot es muy superior a nuestras lanchas torpederas".
090 - Perfil y planta de las torpederas S-151 a S-158 (1941)
348 – Clásica imagen de una tarjeta postal

Características Generales
Desplazamiento
113 toneladas
Vel. máxima
43 nudos
Diemnsiones
  • Eslora 34,9 m.
  • Manga 5,28 m.
  • Calado 1,7 m.
Motores
Serie MB-500; de 900 hasta 2.500 HP
Armamento
  • Dos tubos lanzatorpedos de 53 cm
  • Un Cañón de 40 mm
  • Dos cañones AA de 20 mm
Blindaje
¿?
Tripulación
24 hombres
Tipo de navío
Lacha torpedera
           

martes, 25 de diciembre de 2012

STALINGRADO. TESTIMONIOS, 70 AÑOS DESPUÉS.....Jo


• Al amanecer del 31 de enero de 1943 la batalla más sangrienta de la Segunda   llegaba a su fin para el principal comandante alemán en Stalingrado. Los soldados rusos estaban apostados a la entrada del sótano de la tienda de departamentos Univermag, en la cual los oficiales alemanes de mayor rango, incluyendo al comandante en jefe Friedrich Paulus, se habían refugiado. Un día antes, Adolfo Hitler había promovido al líder de las tropas alemanas en Stalingrado al rango de mariscal de campo —no tanto como un signo de reconocimiento sino más bien como una orden implícita de acabar con su vida en lugar de permitirse ser capturado. 

El teniente coronel Leonid Vinokur fue el primero en divisar a Paulus: “Estaba recostado en una cama cuando entré, con su abrigo y su gorra. Tenía una barba de tres días y parecía haber perdido el coraje”. El último escondite del comandante del 6º Ejército alemán parecía una letrina. “La mugre y los excrementos humanos y quién sabe qué más llegaban hasta el nivel de la cintura”, deja constancia el mayor Anatoly Zoldatov, y añade: “Apestaba en forma increíble. Había dos baños con letreros que decían: 'No se admiten rusos'”. 

Fue sólo un poco después que los alemanes fueron obligados a entregar las armas. “Fácilmente podrían haberse disparado”, dice el mayor general Ivan Burmakov. Pero Paulus y sus hombres optaron por no hacerlo. “No tenían la intención de morir —eran cobardes—. No tuvieron el coraje para morir”, dice el testigo presencial Burmakov.





UN MOMENTO DECISIVO 

La batalla de Stalingrado marcó un punto decisivo desde el punto de vista psicológico en la guerra nazi alemana de conquista y aniquilación. “Las noticias que llegaban de Stalingrado tuvieron un efecto impactante en el pueblo alemán”, admitió el ministro de propaganda del Reich, Joseph Goebbels, el 4 de febrero de 1943. Tal como el historiador británico Eric Hobsbawm resume la situación: “A partir de Stalingrado, todos sabían que la derrota de Alemania sólo era cuestión de tiempo”. 

Cientos de miles de personas perdieron sus vidas en el duelo de honor entre los dos dictadores, Hitler y Stalin. Unos 60 mil soldados alemanes murieron en el sitio. De los 110 mil prisioneros alemanes capturados en Stalingrado, sólo cinco mil regresaron a su hogar. Por el lado soviético, murieron entre medio millón y un millón de soldados del Ejército Rojo. 

Ahora, casi 70 años después, es posible comprender con una claridad sin precedentes cómo vivieron los vencedores esta fatídica batalla en el río Volga. Estas nuevas perspectivas fueron originalmente trabajo del historiador moscovita Isaak Izrailevich Mints. En 1941, fundó la Comisión para la historia de la guerra patriótica. La idea era que todos en las fuerzas armadas, desde los soldados rasos a los oficiales de alto rango, expresaran sus pensamientos, sentimientos y experiencias como modelo para otros, pero sin adornos. 

En 1943, tres historiadores entrevistaron a más de 20 soldados soviéticos que estuvieron presentes cuando Paulus y sus hombres fueron capturados. Esta es la primera versión del evento desde la perspectiva de los soldados rasos. 

Los investigadores realizaron entrevistas con un total de 215 combatientes en Stalingrado (…) Los testimonios son tan honestos que más tarde los comunistas sólo publicaron una pequeña parte de ellos. Después de 1945, los líderes soviéticos no estaban interesados en el impacto de batallas sangrientas, sino en glorificar a los héroes épicos entre los que Stalin jugaba el rol principal. Los aproximadamente cinco mil protocolos compilados por la comisión de historiadores desaparecieron en los archivos del Departamento de Historia en la Academia Soviética de Ciencias. En 2001, el historiador alemán Jochen Hellbeck, que enseña en la Universidad de Rutgers en New Jersey, escuchó hablar de este tesoro. Siete años después, pudo conseguir más de 10 mil páginas en Moscú.



UNA NUEVA VERSIÓN DE LOS HECHOS 

Hellbeck publica ahora Die Stalingrad-Protokolle (Los protocolos de Stalingrado), que consiste en entrevistas, incluyendo en algunos casos fotos de los soldados entrevistados, junto a la descripción del ambiente en que se hicieron las entrevistas. A la luz de estos documentos, la historia de la Batalla de Stalingrado no tendría que ser rescrita, pero algunas visiones necesitan ser corregidas. Estos últimos hallazgos echan por tierra completamente el argumento —planteado por los nazis y repetido por Occidente durante la guerra fría— de que los soldados del Ejército Rojo lucharon tan fieramente solo porque de otra forma miembros de la policía secreta les hubieran disparado. 

Sin duda hubo ejecuciones en el frente. El teniente general Vasily Chuikov, comandante supremo del 62º Ejército, contó en persona a los historiadores cómo trató a los “cobardes”: “El 14 de septiembre, le disparé al comandante y comisario de un regimiento, y poco después le di a dos comandantes de brigada y comisarios. Estaban todos impresionados”. 

Aparentemente la extensión de las ejecuciones ha sido sobrestimada. Por ejemplo, el historiador británico Antony Beevor habla de más de 13 mil soldados del Ejército rojo ejecutados solo en Stalingrado. Pero, los documentos descubiertos en los archivos rusos muestran que hacia mediados de octubre de 1942 las ejecuciones habían sido menos de 300. 

Los Protocolos de Stalingrado revelan que la disposición de los soldados soviéticos a hacer sacrificios podría no ser solamente efecto de tales medidas de represión. Los llamados “oficiales políticos” jugaron un rol clave, al asegurar repetidamente a los hombres enrolados que ellos estaban arriesgando sus vidas por la libertad de su pueblo. Se esforzaron por motivar a los soldados y encauzar sus preocupaciones para elevar su moral de lucha. 

Las entrevistas también demuestran que los comunistas devotos sintieron que debían jugar un rol de liderazgo en todos lados. El comisario de brigada Vasilyev dice: “Se veía como una vergüenza si un comunista no era el primero en dirigir a los soldados en la batalla”. En el frente en Stalingrado, el número de miembros del partido que llevaban su tarjeta se elevó entre agosto y octubre de 1942 de 28 mil 500 a 53 mil 500. Los oficiales políticos distribuían volantes en la zona de batalla con el retrato del “héroe del día”, incluyendo grandes fotos de los soldados destacados. Les enviaban retratos de los distinguidos a sus orgullosas familias. 

El concepto era que se trataba de una guerra del pueblo. “El Ejército Rojo era un ejército político”, dice el historiador Hellbeck.





LA CREENCIA EN UN PROPÓSITO SUPERIOR 

Además de ofrecer charlas a los soldados respecto a la situación en tiempos de guerra, los oficiales políticos los comprometían en conversaciones personales. “Por la noche”, dice el teniente Coronel Yakov Dubrovsky, “los combatientes están más inclinados a hablar abiertamente, y pueden bucear en su almas”. El comisario de batallón Pyotr Molchanov añade: “Un soldado está apostado en las trincheras por un mes completo. No ve a nadie además de su vecino, y de pronto el comisario se le acerca, le dice algo, una palabra amistosa, lo acoge. Esto es de una importancia enorme”. 

En los momentos críticos, ocasionalmente los oficiales políticos también distribuían chocolate y mandarinas a los camaradas desmoralizados. Uno de ellos, Izer Ayzenberg, del 38º cuerpo de fusileros, solía recorrer las trincheras con su “maletín de agitación”. Además de folletos y libros, contenía juegos como damas y dominós.La meta era que los soldados no se dejaran llevar más por el miedo, sino que usaran su conciencia política para superar la angustia. 

Por ende, los comunistas veían como un signo de debilidad cuando los soldados alemanes capturados se describían a sí mismos como apolíticos. En su opinión, la verdadera voluntad de vencer solo podía darse en aquellos que creían que servían a un principio superior. Los comunistas veían al Ejército rojo política y moralmente más inquebrantable que la Wehrmacht. 

Pero además de la agitación y la propaganda, fue principalmente el odio de los soldados soviéticos hacia los invasores lo que elevó su moral para luchar contra el 6º Ejército alemán, inicialmente superior. Es más, los alemanes encendieron el odio con su brutal ocupación. Ya con su entrada hacia el Volga, el 6º Ejército hizo su contribución al holocausto. Los civiles estaban aterrorizados. 

“Uno ve a las muchachas jóvenes, a los niños, colgando de los árboles en el parque”, dice el francotirador Vasily Zaytsev, y añade: “Eso tiene un tremendo impacto”. 

El mayor Pyotr Zayonchovsky cuenta de una posición que los alemanes habían abandonado. Cuando llegó al lugar, descubrió el cuerpo de un camarada muerto “cuya piel y uñas de la mano derecha habían sido completamente arrancadas. Los ojos habían sido quemados y tenía una herida en su sien izquierda hecha por un pedazo de hierro al rojo vivo. La mitad derecha de su rostro había sido rociado con un líquido inflamable y encendido”.




INFIERNO EN AMBOS LADOS 

Antes de la guerra, muchos rusos habían admirado a los alemanes como una nación de cultura, y los respetaban por el talento de su ingeniería. Algunos de los entrevistadores dicen que quedaron impactados por los alemanes que encontraron durante la guerra. 

El mayor Zayonchovsky describe la naturaleza de “los alemanes” de la siguiente manera: “La mentalidad de ladrón se ha vuelto como una segunda naturaleza, para ellos, tienen que robar —lo vayan a usar o no”—. 

Un oficial en la agencia de inteligencia, que interrogó a prisioneros alemanes, expresó su sorpresa de que los ataques a civiles y los robos “se habían vuelto parte tan integral de la vida cotidiana de los soldados alemanes que los prisioneros de guerra nos contaban sobre esto sin ningún escrúpulo”. 

De acuerdo al capitán Nikolay Aksyonov, uno podía sentir “cómo cada soldado y cada comandante estaba ansioso de matar tantos alemanes como fuera posible”. 

El francotirador Anatoly Chechov recuerda en su entrevista cómo mató al primer alemán. “Me sentí terrible. Había matado a un ser humano. Pero entonces pensé en nuestra gente y comencé a dispararles sin piedad. Me volví un bárbaro, los mato. Los odio”. Al momento de la entrevista, él había matado a 40 alemanes —la mayor parte de ellos con un tiro en la cabeza. 

Es de público conocimiento que Stalingrado fue un infierno para los soldados de ambos lados. Pero gracias a estos testimonios, ahora tenemos una idea vívidamente clara de cómo era estar en el combate casa a casa y de nunca acabar para el cual los soldados no habían sido entrenados. Cómo las cenizas, el polvo y el humo les quitaron toda orientación. Cómo las detonaciones individuales fueron ahogadas por el constante estrépito de la batalla. Cómo lucharon por días para tomar edificios, en los que en algunos casos los soviéticos se habían apostado en un piso, mientras los alemanes se habían atrincherado en otro. 

“En estos combates callejeros, las granadas de mano, las ametralladoras, las bayonetas, los cuchillos y las espadas son usadas”, dice el teniente general Chuikov. “Ellos se enfrentan el uno al otro y se golpean. Los alemanes no pueden hacerlo”. Sin embargo, la Wehrmacht se las arregló al principio para tomar la ciudad, con excepción de una delgada franja junto al Volga. 

Entonces el Ejército Rojo rodeó a los alemanes, quienes sólo eran capaces de recibir exiguas provisiones desde el aire. Los soldados alemanes sufrían de hambre y no tenían uniformes abrigados para el amargo frío del invierno. El comandante Paulus exhortó a sus tropas a no rendirse: “Resistan, el Führer nos hará mierda”, era el eslogan del día. La Operación tormenta de invierno, que buscaba romper el cerco, terminó en un fracaso. El 6 de enero, el general soviético Konstantin Rokossovsky ofreció a Paulus una rendición honrosa. A las órdenes de Hitler, el comandante alemán rechazó la oferta. 

Cuatro días más tarde, el Ejército rojo comenzó a avanzar y apretar el cerco sobre la ciudad. Después de 10 días, los alemanes escasamente tenían algo de comida y municiones. Cuando Paulus y sus hombres se permitieron ser tomados prisioneros a fines de enero, en vez de cometer suicidio o luchar hasta morir, Hitler se enfureció. 




“LA TIERRA RESPIRABA FUEGO” 

El precio también fue alto para los ganadores de la batalla. Vasily Zaytsev, por ejemplo —sin duda el mejor francotirador del Ejército Rojo en Stalingrado— se adjudicó haber matado a 242 alemanes, pero hizo el siguiente comentario aleccionador: “Siempre lo recuerdas, y la memoria tiene un impacto poderoso”, dijo un año después de la batalla. “Ahora, tengo los nervios de punta y constantemente tiemblo”. 

Su camarada Aksyonov añade: “Esos cinco meses en Stalingrado fueron el equivalente a cinco años de nuestras vidas”. Le parecía que “la tierra en Stalingrado respiró fuego por días”.