domingo, 7 de octubre de 2012

HARALD HARDRADA.....Post Jo


Harald Hardrada, nacido Harald Sigurdsson en 1015, era el hijo del rey Olaf II de Noruega. El menor de tres hermanos, no tenía demasiadas aspiraciones al trono. En 1030, Cuando Harald tenía sólo 15 años, El reino de noruega estaba amenazado por Canuto el Grande de Dinamarca. Olaf II, padre de Harald, reunió a sus tropas y se enfrentó a Canuto en la batalla de Stiklestad. A pesar de su juventud, Harald participó también en el combate. 

Durante la batalla, el rey Olaf murió y cuando la noticia corrió por el campo de batalla, las tropas del difunto soberano se desbandaron. Harald fue herido y consiguió escapar por los pelos. Al frente de un grupo de veteranos del ejército de su padre, se dirigió al norte, hacia el exilio, y así dio comienzo su leyenda.

Lo primero que hizo fue atravesar Finlandia y adentrarse en Rusia. Allí, él y sus tropas de guerreros nórdicos, en calidad de mercenarios, se pusieron al servicio del Gran Duque Yaroslav, que gobernaba vastas extensiones en las tierras orientales.

Harald crecía como el típico mozalbete nórdico: Alto, fuerte, bien proporcionado, rubio, de ojos azules y además, por lo que parece, guapo. Fue cuestión de tiempo que la hija de Yaroslav se enamorara perdidamente del apuesto jefe de la banda de duros y aguerridos mercenarios. Esto, obviamente no le sentó bien a Yaroslav, por lo que en cierto momento, Harald consideró aconsejable para su salud, abandonar el país a toda prisa. Se dirigió hacia el sur a través de las inmensas llanuras de ucrania hasta llegar a orillas del mar negro, donde se encontró con el imperio Bizantino.

El imperio Bizantino, era lo que quedaba del viejo imperio Romano, y estaba en aquellos momentos viviendo sus últimos días de grandeza antes de su larga y agónica decadencia. Oliendo la oportunidad al vuelo, se enteró de que el emperador Bizantino, como otros emperadores romanos antes que él, contrataba mercenarios nórdicos como su guardia de corps, así que Harald y sus hombres pusieron rumbo a Constantinopla.
Al llegar, descubrieron que los mercenarios de la guardia de corps del emperador eran reclutados entre las tribus suecas (Varegos) que habían invadido Rusia, y ahora formaban una clase dominante, conocida como la "guardia varega" con una enorme influencia. Harald no tardó en conseguir ser admitido con sus hombres y comenzó a abrirse camino en la guardia.


Constantinopla en la época de Harald.

En aquellos turbulentos años, Bizancio trataba desesperadamente de recuperar lo que había sido el imperio romano. Lanzando campañas contra el sur de Italia y Sicilia, al tiempo que trataba de defender sus fronteras orientales en Capadocia. Harald no tardó en entrar en combate y en ganarse el respeto de sus camaradas de la guardia. En poco tiempo, Harald, tan lejos de las gélidas costas noruegas que le habían visto nacer, consiguió ser nombrado jefe de la guardia Varega de Bizancio y algo después también era el almirante de la flota bizantina, la fuerza naval más potente del Mediterráneo.


Una de las pocas imágenes de la guardia Varega.

En 1037, a las ordenes del strategos autokrator Georgios Maniakes (Maniaces) Harald de quien se cuenta que ya era un gigantón de dos metros de altura, recorrió todo el mediterráneo oriental, participando en las campañas en el Norte de África y luego en Siria, y derrotando una y otra vez a las flotas islámicas. Se dice que llegó a visitar Jerusalén. En 1040, apenas habían transcurrido diez años desde que tuvo que poner pies en polvorosa de su propia tierra, cuando conquistó para Bizancio el este de Sicilia. Demostró su maestría en el campo de batalla al utilizar repetidamente tácticas de finta, consistentes en fingir una retirada para atraer a su enemigo a un punto donde podía asestar un golpe devastador.


El imperio Bizantino, asediado por los cuatro costados y obligado a defenderse sin tregua.

Durante las campañas, Harald asedió, asaltó y saqueó un sinfín de castillos y fortalezas. Harald, utilizaba tácticas poco ortodoxas, como untar pájaros con resina, encenderlos y dejarlos ir cerca de las murallas para que cayeran sobre la fortaleza asediada y prendieran fuego a los edificios tras las murallas. Los saqueos que seguían, pronto permitieron a Harald amasar una enorme fortuna personal.

A finales de 1040, Harald fue enviado a Bulgaria. En 1041 se ganó el sobrenombre de "Devastador de Bulgaria" y "Azote de los Búlgaros". Dicen las leyendas que Harald le puso el nombre a la ciudad de Oslo en recuerdo de una dulce Búlgara llamada Slava o Oslava con quien tuvo unos amoríos.

Al regresar a Constantinopla, mas tarde, tuvo problemas debido al interés que despertaba en el corazón de las mujeres y al parecer por aquel entonces, la emperatriz Zoe, una mujer bella que tenía como objetivo en la vida conservar su atractivo. Dedicaba toda clase de cuidados a su cuerpo. Casada con Romano III, que era un anciano, no pudo dejar de ignorar los atractivos del apuesto jefe de la guardia varenga. El caso es que Harald, muy a su pesar, tuvo que abandonar Constantinopla con su premura habitual, ya que el decrépito emperador no iba a pasar por alto semejante afrenta.


Sólido de Romano III.

Harald volvió a dirigir sus pasos al norte, pasó por Rusia y esta vez antes de continuar hacia Noruega, se llevó con él a la hija de Yaroslav, con quien se había casado en su fugaz paso por la corte del Gran Duque de camino al norte.


Catedral de Santa Sofía en Kiev,
Isabel, hija del Gran Duque Yaroslav.

En cuanto "aterrizó" en Noruega en 1045 con sus curtidos veteranos y sus impresionantes riquezas, se convirtió de inmediato en una amenaza para el rey noruego Magnus I, sobrino del propio Harald. Magnus había vuelto del exilio en 1035, tras la muerte de canuto, para reclamar la corona como descendiente de Olaf II. Sin embargo, tantos años de ir de aquí para allá, habían dotado a Harald de ciertas dotes políticas y no tardó en concluir un tratado donde se convertía en correinante con su sobrino. Poco después las tensiones entre los dos crecieron, y en 1047 el sobrino falleció en oscuras causas que nunca fueron aclaradas. 

El caso es que Harald, consiguió la ansiada corona bajo el nombre de Harald III Sigurdsson, también conocido como Harald Hardrada (Hardradi, significa en antiguo noruego "gobernante duro"). Dado que los daneses habían estado gobernados por Magnus I, ahora estaban bajo el reinado de Harald, pero aquellos no lo aceptaron como rey y se amotinaron. 

Harold pasó los siguientes doce años de su reinado bañando en sangre las costas de Noruega y Suecia limpiándolas de presencia danesa, en lo que hoy se denominaría limpieza étnica.

Mientras, tanto, al otro lado del mar, en Inglaterra, se estaba cociendo una guerra: Haroldo de los sajones iba a combatir para defender la corona de Inglaterra contra Guillermo de los Normandos. (Para información detallada, leer el artículo "Una flecha que cambió la historia")

Tostig, hermano de Haroldo de los sajones, quería el trono para sí, así que conspiró contra su hermano para vengar un par de humillaciones anteriores, y así fue a visitar a Harald Hardrada en Noruega para hacerle una propuesta: Invadir juntos Inglaterra y hacerse con la corona inglesa.


El típico soldado vikingo de la época.
Hombres duros y curtidos que habían sembrado
el terror por toda Europa en busca de aventuras y riquezas.

Sin embargo, Harald Hardrada, le había cogido gusto a las aventuras y además tenía sus propios planes: valiéndose de unos viejos acuerdos entre Magnus I y Canuto, que decían que si cualquiera de ellos moría sin hijos, el otro podía reclamar la corona de Inglaterra, dado que él era el sucesor de Magnus y Canuto había muerto, validó para sí el acuerdo, y secretamente abrigaba la esperanza de ayudar a Tostig contra su hermano, para luego volverse contra él y quedarse Inglaterra. Así pues, Harald volvió a tomar las armas y embarcó 15000 hombres en 300 drakkars (el típico barco vikingo, a razón de 15 hombres por barco), y se hizo a la mar rumbo a Inglaterra.


Típico Drakkar vikingo

En septiembre de 1066, los noruegos remontaron el rio Humber y avanzaron por Northumbria dejando un rastro de fuego y cenizas. Tras derrotar las fuerzas de guarnición que tenía Haroldo el sajón en el norte el día 20 de septiembre, Harald Hardrada puso a la ciudad de York en su punto de mira y se dirigió hacia el sur.
Harald Hardrada desembarca al norte, lejos de las fuerzas de Haroldo que están al sur de Londres.

Haroldo de los sajones estaba ante un dilema insalvable. Tenía a sus fuerzas concentradas frente al canal de la mancha esperando en cualquier momento una invasión de Guillermo, cuando le llegan las noticias de que en el norte del país ha desembarcado la fuerza Noruega. Guillermo abandona las costas del canal, e inicia una marcha forzada hacia el norte.

Haroldo no quería desbaratar su ejército antes de tener que enfrentarse contra la invasión de Guillermo el Normando desde el sur, por lo que envió mensajeros para iniciar conversaciones con Tostig para llegar a un acuerdo. Le prometió cederle los territorios de Northumbria, con el fin de separarlo de Harald Hardrada, para obligar al noruego a elegir entre la retirada y una derrota segura. Pero Tostig no tenía valor para traicionar a Hardrada, por lo que quiso saber qué territorio inglés se le cedería a Noruega. Haroldo no vaciló: "Siete pies de tierra inglesa para una tumba; O un poco más, ya que Hardrada es tan alto".

La verdad es que la marcha de Haroldo fue un alarde de rapidez y habilidad, ya que hicieron 180 millas en apenas cuatro días. Los noruegos todavía se estaban reponiendo de la batalla del día 20 y Haroldo se abalanzó sobre los hombres de Hardrada antes de que éstos ni siquiera supieran lo que se les venía encima.

El día 25 de septiembre de 1066, al amanecer, los dos ejércitos se encontraron en Stamford Bridge, un lugar a 13 millas al este de York. Los noruegos, habían acampado y se habían despojado de sus armas y cotas de malla para descansar, cuando de repente vieron aparecer el ejército sajón en las primeras luces del alba. Una defensa desesperada y suicida de los puestos de guardia Noruegos impidió que el grueso de las fuerzas sajonas atravesara el rio Derwent.

Mientras tanto, el grueso de los noruegos, Los pocos que tuvieron tiempo se ponían frenéticamente sus cotas de malla, pero la gran mayoría, tuvieron que apresurarse a ponerse en posición sólo con sus armas. Formar sin sus pesadas armaduras y cotas les iba a costar muy caro.

El combate se centraba ahora sobre el puente, donde un único defensor noruego, en pleno furor vikingo, consiguió impedir él solo que los sajones cruzaran el puente. Finalmente una lanzas empujada desde debajo del puente, a través de la tablazón, consiguió reducir al defensor y las tropas sajonas se abalanzaron a la otra orilla.


El campo de batalla de Stamford bridge hoy en día.
El río pasa justo tras las casas del fondo, y en esta pradera,
los noruegos se aprestaron a defenderse de los sajones.

Allí los hombres de Hardrada, habían formado un muro de escudos con forma de cuña y los sajones se abalanzaron contra él. El combate duró casi todo el día mientras oleada tras oleada de sajones se batían contra los duros hombres del norte. Finalmente, una flecha perdida (¡siempre una flecha!) encontró su blanco en Hardrada, que se desplomó muerto.


Harald, sin su armadura, recibe un flechazo en plena batalla.

Tostig trató de impedir el pánico pero el daño ya estaba hecho. Los vikingos perdieron moral y agotados, su defensa se hundió y la lucha se convirtió en una desbandada. Los noruegos fueron perseguidos hasta la costa, en Ricall, donde la flota de 300 Drakkars esperaba. Los noruegos que sobrevivieron para llegar a la costa apenas si bastaron para tripular 24 de los barcos. El resto de las naves quedó abandonado.


Ocaso Vikingo. Un drakkar en llamas.

Haroldo de Inglaterra era un hombre de palabra. Le había prometido a Hardrada siete pies de tierra (o un poco más, porque Hardrada era muy alto) y eso es justo lo que le concedió.
Así terminó la fantástica aventura de Harald Hardrada, que le había llevado de un extremo a otro del mundo conocido. Con él se acabó la época de la expansión vikinga en Europa.

Haroldo el sajón no pudo disfrutar durante demasiado tiempo de su victoria, porque 3 días más tarde, el 28 de septiembre, Guillermo el Normando desembarcaba en las desprotegidas costas del sur de Inglaterra y Haroldo recibió las noticias el día 2 de octubre, por lo que se vería obligado a llevar sus agotadas y diezmadas tropas en otra frenética carrera hacia el sur que culminaría el 13 de octubre en la batalla de Hastings. 

Allí, las tropas de Guillermo, que habían tenido quince días de descanso, se encontraron con las tropas de haroldo que habían tenido que hacer la angustiosa marcha hacia el norte, luchar una desesperada batalla contra los noruegos de Hardrada y volver a hacer una angustiosa marcha hacia el sur sin ninguna pausa ni descanso. El destino reservaba a Haroldo y a su exhausto ejército el mismo destino que había afligido a Harald Hardrada: 

En el cénit de la batalla de Hastings, una flecha se le clavó en el ojo y provocó que sus agotadas tropas se desmoralizaran y huyeran, dejando la corona inglesa en manos de Guillermo el Conquistador. Para más información ver el artículo "Una flecha que cambió la historia" ¿Quien dice que las flechas perdidas no tienen su ironía?.

FUENTE: ARCOBOSQUE.

1 comentario:

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